"Es la búsqueda de lo que jamás lograré hallar"
En el prólogo de El susurro que tañe, el poeta brasileño Floriano Martins comenta que el propio César Bisso le expresó que los textos que lo integran “son poemas existenciales, escritos con un estilo lacónico, como pequeñas dagas que intentan abrir el corazón de la conciencia”.
Pequeñas dagas que, susurrando, calan hondo, preguntan y demandan y, digamos, al mismo tiempo transmiten, o procuran transmitir, lo inefable. Nadie grita, nada grita. Todo advierte que es como si se estuviera a un paso de lo inenarrable, aunque bien señala el mismo autor que su búsqueda es de aquello que “jamás” logrará hallar.
En definitiva, el caminante sabe que el camino se hace andando, que no hay que volver la vista atrás y que la llegada, el punto final, el Omega, no nos pertenece. Que la vida es un ir por definición.
Lo que importa es la travesía. Y respecto de ella, el poeta va dejando datos, aquí y allá, quiero decir en cada poema, de lo que percibe: “Ahondar con semillas / sin descanso, / como si la tierra fuera / una promesa incumplida”.
“Un ojo que no olvida”
Con César he mantenido un amplio y sustantivo diálogo, que es el siguiente:
El año próximo se cumplirá el cincuentenario de la aparición de tu primer libro. Seguro que empezaste antes tu relación con la poesía, pero digamos que son nada menos que cincuenta años de vida poética ¿qué podés decir de ese largo camino, cimentado en una veintena de libros?
Creo que ha sido una compleja travesía, acompañada de estímulos, incertidumbres, vivencias, emociones; en fin, todo lo que concierne al ejercicio creativo. El aprendizaje de la escritura poética es tortuoso y no es cierto que todo fluye desde la inspiración. Hubo muchas lecturas, miradas, percepciones, reflexiones. Y la vida misma, donde uno debe cumplir roles, compromisos, desarrollar proyectos, compartir ilusiones. Y un mundo que hostiga de manera constante. Y tampoco perder de vista al Otro, que siempre está presente a través de la pasión, el deseo, el amor, el hacer cotidiano, la memoria. Y dentro de ese cúmulo de implicancias la felicidad de escribir poemas que después se fueron transformando en libros y hoy conforman esta idea de ser parte de una obra poética casi completa.
Y vas a llegar al año próximo con una celebración adicional, la publicación de tu obra a cargo de la Universidad del Litoral, a través de su sello editor. ¿Cómo estás viviendo lo que será sin duda un gran momento en tu vida de escritor?
Con sereno estupor. Agradezco de corazón el reconocimiento de la editorial universitaria a mi poesía. Veinte años atrás apostaron por editar Las trazas del agua, una antología con poemas de primeros libros; luego, cinco años atrás, tomaron la decisión de publicar De abajo mira el cielo, un conjunto de poemas fluviales. Fueron dos producciones bellísimas, lo digo como objetos de arte. Y el año próximo llegará la edición de mi obra poética reunida, bajo el título de Un ojo que no olvida. Es realmente maravillosa la propuesta de Ediciones UNL de apostar por escritores regionales que representan, según los conceptos expresados por el rector Enrique Mammarella, en el reciente acto de firmas de contratos, un enlace de semilla, puente y memoria. Me pareció acertada esa definición, porque todos los creadores aspiramos a congeniar el ayer, hoy y siempre que nos identifica. Además, me siento sumamente honrado de ser uno de los autores elegidos, porque valoro y respeto el trabajo encomiable que vienen realizando Ivana Tosti y su equipo editorial, con tanto esfuerzo y desde hace largo tiempo.
En tanto, hay otro libro que termina de aparecer ¿qué podés decir sobre él?
Este año se publicaron dos nuevos libros, coeditados por Cartografías y Ediciones La yunta el primero y Ediciones La yunta el segundo. Mi gratitud a estas pujantes editoriales independientes. El texto que has leído, titulado El susurro que tañe, apareció en junio. Y en octubre salió Ciertos ayeres, prologado por el poeta santafesino Néstor Fenoglio. Éste sería el libro en ciernes que aún no conocés. Es un poemario provinciano, lugareño para ser más preciso, que registra hechos vívidos, como también austeras evocaciones. Y la presencia del río y el regreso a la infancia. Hasta aquí, lo logrado. Seguramente vendrá algo más. Por ahora bosquejo dos nuevos poemarios, con ideas predefinidas. Queda bastante hilo en el ovillo.
Ese es el futuro, que se presenta “grávido”. En tanto, en el presente, aparece El susurro que tañe. ¿Cómo nace? ¿Los poemas son “concurrentes” a algún significado esencial? Si es así ¿Cuál sería?
Es un libro que nace al borde de la angustia. Los primeros poemas surgieron en tiempos pandémicos, viendo cómo la pesadez del mundo nos aplastaba dentro de nuestros hogares. ¿Qué hacer frente a la cancelación? Mi primera reacción fue enmudecer. Después, poco a poco, la realidad me concedió el uso de una voz diferente, dispuesta a reflexionar sobre la inseguridad del presente y el tenebroso devenir. Los poemas se aliaron unos a otros, me llevaron del desánimo a la ínfima esperanza. Mi intención fue expresar que, a pesar del desamparo, la fragilidad y la insignificancia, aún estamos de pie.
Entre los tantos buenos poemas del libro hay uno que interpela a la palabra, a la que le pide que no se rinda ante la falacia, ante el agresor que busca quitarle sustancia, razón de ser. ¿La palabra prevalecerá?
Prevalecerá, tanto en el poema como en todos los órdenes de la vida. La palabra es el sostén de cada uno de nuestros sentidos. Hoy parece alienarnos un lenguaje que ha banalizado las redes de comunicación, no sólo en los medios masivos, sino también en las instituciones académicas. Este lenguaje es consecuencia de nuevas pautas culturales que le han quitado relevancia a la palabra escrita como constructora de saberes. Habrá que seguir luchando desde el lugar de la creación, para contrarrestar el hostigamiento tecnológico que se está ejerciendo sobre una sociedad atomizada.
Y otros poemas, de una manera no frontal, pero sí sustantiva, interpelan a los poderes que tanto dañan a los pueblos y a la Tierra (“Asesinos que los pueblos odian / vuelven a ser vitoreados / como alfiles de gloria y de miseria”). ¿De esas cosas opacas, cuando no oscuras, hablan tus “susurros”?
En mi escritura el susurro fluye, interpela, incluso quiere volverse grito para alertar a una sociedad aturdida por los efectos del miedo y la acechanza próxima de la muerte. La pandemia no sólo produjo un duro impacto en la salud, sino también marcó un retroceso en lo económico, político y moral. Lamentablemente, el mundo continúa liderado por siniestros personajes que lo depredan sin remordimiento. Incluyo estas opacidades en algunos poemas para no olvidar.
"La poesía es la fundación del ser por la palabra"
Un acto de liberación, porque permite explorar más allá de uno mismo. Y un acto de reparación, cuando la palabra funciona como una herramienta justiciera. Martín Heidegger dijo que “la poesía es la fundación del ser por la palabra”. Esa connotación filosófica también se ajusta a mi manera de sentir y pertenecer poéticamente.
¿Te resulta fácil escribir o se trata de un camino escarpado? ¿Tu escritura es algo de todos los días o se da por períodos?
Escribir es una faena de mucho riesgo, sobre todo porque uno apela a la continuidad, no a la reiteración. Ya sea poesía o prosa, hay que estar dispuesto a decir algo diferente cada vez que enfrentamos la página en blanco. Además, discrepo con la aserción de la existencia de un oficio de poeta. Es algo absurdo. Nadie se pone el traje y ya tiene asignado un poema en la solapa. Al margen de esto, nunca he sido rutinario con mi labor literaria. No escribo poemas todos los días, pero sí dejo escrito casi todos los días en un cuaderno frases, citas, párrafos, versos sueltos, que más tarde probablemente se transformen en un texto poético o algo parecido. También suelo elaborar artículos literarios, reseñas de libros, prólogos. Y cuando experimento con el ensayo la situación se vuelve más problemática, porque requiere investigación y lecturas a la par.
Observo, como constante, la presencia de la naturaleza y la búsqueda, a través de ella, de algo esencial, misterioso, difícil de definir, que sin embargo vislumbras y lo vas tratando de aprehender poema a poema. Son mis afirmaciones, subjetivas, por cierto. ¿Coincidís con ellas o lo interpretás o analizás desde otra perspectiva?
Los pintores expresionistas consideraban que sus obras no partían de la mirada original, sino que provenían de la explosión del alma. Es como decir “crear desde adentro”. No se necesita tener presente ningún objeto, porque lo percibido ya está internalizado. Cuando escribí los poemas de Isla adentro lo hice sentado frente a un escritorio, dentro de cuatro paredes. No necesité estar frente al río, las orillas, la isla. Veía cada imagen con nitidez, sentía los aromas, percibía los colores, intuía el movimiento de las criaturas salvajes. Eso significó para mí estar atravesado por la naturaleza. Y cuando ella nos penetra aparece lo misterioso, lo mágico, lo inasible, lo incomprensible. La poesía está allí, el arte está allí, en medio de la suprema belleza, del silencio más poderoso. Desde esta perspectiva concibo la subjetividad, porque ya no hablamos del objeto que miramos. Es la extraña facultad que posee el lenguaje para expresarse de diferentes maneras.
Precisamente, eso de no nombrar aquello que se presenta entre brumas se reitera en tus poemas: “Estoy urdido por lo intangible”, “¿Es posible ir más allá, tocar el vacío después del horizonte?”, “Busco atrapar lo que emigra de la mirada”. ¿Esta sería tu búsqueda esencial?
Es la búsqueda de lo que jamás lograré hallar. Lo intangible, el vacío, lo que va más allá de la mirada, son las madrigueras del lenguaje. ¿Cómo descubrir dónde se esconde la palabra? Todo se vuelve incierto y eso es bueno, porque en la poesía no puede existir la certeza. Todo proceso de escritura conlleva perplejidad, miedo, dolor, desesperanza. Se escribe sufriendo, aunque después llegue el alivio ante el texto terminado. Por lo tanto, mi compromiso mayor es con el lenguaje. No hay artificio en esta fundamentación, cualquier otro atajo para acceder al poema es probable que resulte falso.
"En la poesía no puede existir la certeza"
Coronda, como naturaleza, como territorio donde el agua y el verde, persistentes, diría, parece facilitar ese vislumbre. Otra vez, la subjetividad de mis palabras. ¿Cuáles serían las tuyas sobre esto que digo?
Cada uno elige su lugar en el mundo. Yo fundé mi ser en Coronda. Le di nacimiento, vida, sueños, pasión. Mi poesía siempre estuvo influenciada por el cosmos fluvial, la naturaleza en movimiento constante. El río es mi punto de equilibrio. Metafóricamente, siempre he tratado de imitar lo que hacen las garzas en el humedal: apoyar una pata en el agua sabiendo que debajo de ella hay tierra firme, pero sin olvidar el instinto de despegar y la sabiduría de volar. Nada más deslumbrante que abrir las alas de la imaginación y construir pensamiento por reflejo de ese impulso. Así funciona mi escritura.
El susurro que tañe, de César Bisso, Cartografías Ediciones y Ediciones La Yunta, Buenos Aires, 2025, 77 páginas
Tres poemas
Palabra en vuelo
Ay palabra,
defiéndete de quien sublima.
No te derrumbes,
huye del saqueador,
falaz traficante de ensueños.
Transfórmate en águila,
afila tus garras conta la piedra ardida
y vuela más allá del horizonte.
No hay magia que proteja.
El mal decir carcomió la torre de Babel
y ningún diccionario podrá reforzar
los frágiles cimientos de la sensatez.
No te rindas palabra.
aunque ya enmudezca el mundo
alguien escuchará tu grito.
Estrategia de la almeja
Asombrosos hitos de la demencia
inesperadamente acontecen:
la Medusa se desploma en el agua
la Gioconda deja de sonreír
la Venus de Milo pierde su otro brazo,
el niño mendigo de Murillo escupe pan,
la Piedad opaca su tersura de mármol.
Penélope pasa por alto aquel amor eterno
y náyades abrazan dioses imperfectos
tras los muros calcinados del Olimpo.
Asesinos que los pueblos odian
vuelven a ser vitoreados
como alfiles de gloria y miseria.
Para soportar la pujanza del mal
habrá que ocultarnos en la arena.
Inalterable
Conciencia calcinada a fuego mínimo.
De niño respeté la enseñanza.
No toques. No corras. No te caigas.
Tantos fantasmas sueltos
entre prédicas y sumisión.
Después
sobrevino la utopía,
arrollada por el galope
de oscuros jinetes.
Hoy
acechan otros mandatos:
no salgas a la calle
cúbrete la cara
purifica tus manos.
César Bisso en Noticias desde el sur
Una noche extraña, relato de César Bisso. En El invitado, publicado el 20 de octubre de 2024
Comentario sobre De abajo mira el cielo /poemario) y datos biográficos del autor. Publicado el 11 de junio de 2020
Comentario sobre Un niño en la orilla (poemario) En Postales, publicado el 16 de noviembre de 2016
Video
César Bisso lee el poema “Criatura en la orilla”, del libro De abajo mira el cielo (2022). Video particular, año 2025, duración 1,33 minutos





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