(diseño de Gerardo Morán)
(detalles de fotografías al final de la nota)
Confesión de parte: los primeros relatos de El blues del fin del mundo me resultaron un tanto menores, máxime porque llevan la firma de uno de los más calificados autores de relatos del presente. En efecto, el israelí Etgar Keret tiene una fama mundial muy bien merecida. Difícilmente sus lectores queden pagando al leer sus libros. Por el contrario, suelen encontrarse con la originalidad, el buen (o mal) humor, el mejor absurdo o, cada tanto, con la potencia de su decir poético, de alto vuelo.
Temí que su nuevo libro produjera en mí una nueva
frustración, como me viene ocurriendo con recientes títulos de otros autores
(Barnes, Yoshimoto, Murray, y hasta Schwebling), pero felizmente no ha sido
así, porque El blues del fin de mundo contiene piezas de antología,
únicas, aunque hubiera sido mejor que el
autor se autoexigiera más en cuanto a los relatos elegidos. Máxime
cuando su silencio narrativo se había hecho sentir luego de una espera de seis
largos años. Demasiados para quienes, como el que esto escribe, admite formar
parte de la verdadera legión de admiradores que Keret ha cosechado con justicia
en gran parte del mundo.
Más allá de mi reparo, en el nuevo libro los ejemplos de narraciones
calificadas sobran, como ocurre con el cuento que da título al volumen o con “Autocorrección”.
Este fue el título originario, tanto en hebreo como en inglés y desde mi punto
de vista hubiera sido mejor mantenerlo en nuestro idioma. Entiendo, sí, que El
blues del fin del mundo es un nombre muy atractivo para un libro, pero Autocorrección
aunque no lo sea tanto remite al relato del mismo título y de alta calidad
que integra el volumen. El muy breve “Blues…” refiere al último día del planeta
(tema recurrente en Keret), en tanto que “Autocorrección”, cuento, señala, en
sucesivos momentos (parecidos, pero no iguales), la difícil relación de un hijo
con su padre que concluye con un emocionante remate (verdadera “marca” del
autor que sabe cómo sorprender y sacudir al lector con legítimos recursos).
Como antes se decía, en la flamante obra del autor
israelí hay “de todo como en botica”. Está el texto (casi) procaz, el canto al
amor y el dolor de la pérdida, El incisivo humor, la reflexión inesperada, la
interminable y tantas veces luctuosa división entre árabes y judíos. Y
tantísimo más.
Además, Keret tiene la infrecuente habilidad de decir
mucho en pocos párrafos. En efecto, varios de sus relatos reclaman escasas
páginas. A tanto llega su sentido de síntesis (sin perder eficacia ni
contundencia) que esta novedad de 164 páginas está integrada por 32 relatos.
Una suma considerable que se agradece.
Se da, como suele ocurrir en Keret, una “pelea” para
determinar cuál o cuáles de los cuentos se destacan. Y lo cierto es que es una
lid imposible, porque todos, aun los menos conseguidos, “algo” tienen para
decir. Dejan su huella flotando en el ánimo del lector.
Entre tantos buenos, destaco: “Viaje organizado”, un breve
y al mismo tiempo gran relato de amor con la intervención de viajeros
intergalácticos; “Fila”, que muestra al Paraíso Terrenal de una forma muy
distinta a lo que convencionalmente se cree; “Perro por perro”, en el que
coloca, en la boca y en las acciones de unos niños -en este caso judíos- las
interminables (y tantísimas veces letales) discrepancias y malentendidos que se
dan todo el tiempo entre israelíes y árabes, con un final que disuelve aquello
que podría haber sido tragedia.
Son apenas ejemplos. Admito que se trata de elecciones
subjetivas, azarosas también, porque Keret aquí y allá ejercita su “magia” de
escritor de temática múltiple arriesgando caer en lo repetitivo o lo previsible
y, sin embargo, logra salir con facilidad de sus aparentes “auto encierros”. Le
basta para eso concluir sus relatos con una reflexión inesperada, con audaces
vueltas de tuerca. Ocurre, entre varios, con los citados “Fila” y “Viaje
inesperado”. En el primer caso, mostrando con sorpresa lo que en verdad
resulta ser el Paraíso y en el segundo, con una leve y -de nuevo- sorprendente
definición sobre el amor.
Las ardillas le sirven como pretexto para hablar sobre el
“más allá” luego de la muerte, no porque crea en reencarnaciones, sino para
dejar flotando en el ánimo de quien lea cuáles son de verdad las alternativas
que podrían existir (sí, no…) luego de la muerte (en el cuento “Ardilla”). Acerca
de la muerte y el más allá reflexiona en varias de las presentes narraciones.
Entre esos textos destaco “Génesis capítulo 0”.
En otro, de solo dos páginas, sorprende con su final que quizás
obligue a leerlo por segunda vez. Me refiero a “El futuro no es lo que solía
ser”. En tanto que resulta (otra vez) muy original “La versión del director”,
de apenas página y media. Una pequeña, pero central, joyita literaria. Y
así sucesivamente…
Está claro que no avanzo en lo que es el “sustento”
central de los cuentos comentados porque considero que no es el caso destruir
esos enigmas. Quienes los lean deben tener el privilegio de
desentrañarlos. En ese sentido algunas aclaraciones de contratapa solo sirven
para dañarlos, porque lo propio del escritor judío es la ambigüedad, la
sorpresa.
Señalar su identidad judía no es un dato accidental sino
esencial, dado que en varias de estas ficciones esa condición se halla muy
presente, porque así ocurre en la vida cotidiana de Israel, ya se trate de
costumbres religiosas o de situaciones complejas propias de un país en
permanente conflicto. Por otra parte, Keret es una persona que no vacila en
asumir compromisos públicos, como lo son hoy su oposición a los conflictos
armados o, con mayor firmeza, al gobierno de Netanhayu.
Aclaración necesaria: este gran escritor evita el
panfleto, la confrontación gratuita en sus ficciones. En ellas prevalecen
cuestiones más esenciales, digamos, tales como las distintas maneras de
entender al mundo, al ser humano, ya fuere con temáticas que se vinculan con la
realidad o con muchas otras que se afincan en presuntos o ciertos orbes
alternativos.
Keret juega con todas esas posibilidades. Lo hacen con
gracia, originalidad, un decir propio que por su silencio narrativo de años
comenzaba a extrañarse. Un decir propio que vale la pena “escuchar” para quien
se acerque a él por primera vez. O, en caso de conocerlo, volver a deleitarse
con su voz casi (o totalmente) inigualable.
El blues del fin del mundo (Autocorrección, título en hebreo), de Etgar Keret
Sexto Piso, México, 2026, 164 páginas
Traducción de Ana María Bautista y Claudia Riesco Muñoz
Siruela ha publicado su propia edición de este libro en España, con las mismas traductoras.
Datos para una biografía
Etgar Keret nació en Tel Aviv, Israel, en 1997. Comenzó a escribir en 1992 y desde entonces ha publicado cuatro libros de cuentos, una novela, tres libros de cómic y un libro para niños. Sus libros han sido bestsellers en Israel y han recibido los elogios de la crítica internacional. Está traducido a dieciséis idiomas. Tiene varios libros vertidos a nuestro idioma y ha sido publicado centralmente por el sello mexicano Sexto Piso y la editorial española Siruela. Entre sus títulos en castellano se encuentranTuberías, Extrañando a Kissinger (considerado como uno de los cincuenta libros israelíes más importantes de su historia), Pizzería Kamikaze (Siruela) o Pizzería Kamikaze y otros cuentos (Sexto Piso), Un hombre sin cabeza (Sexto Piso) o Un hombre sin cabeza y otros relatos (Siruela), De repente un golpe en la puerta (Siruela) o De repente un toquido en la puerta (Sexto Piso), Los siete años de abundancia, La penúltima vez que fui hombre bala (Sexto Piso) o Avería en los confines de la tierra (Siruela), Un libro largo de cuentos cortos, La chica sobre la nevera, Papá escapó con el circo, Noches sin luna, Rompe el cerdito y la antología El chofer que quería ser Dios (Emecé Argentina, 2004), que toma cuentos de cuatro de sus libros. Más de cuarenta cortometrajes se han basado en sus historias. Ha escrito guiones y dirigido películas junto a su esposa Shira Geffen, entre ellas Medusa, premiada en Cannes.Sus cuentos han sido adaptados al teatro en Israel. Keret ha recibido el Book Publishers Association's Prize y el Ministry of Culture's Cinema Prize. Actualmente es profesor en el departamento de Cine y Televisión de la Universidad de Tel Aviv. También dicta clases en el Jewish Theological Seminary of America (Seminario Teológico Judío de América), JTS, ubicado en Nueva York.
Keret en Noticias desde el sur
Comentario sobre La
penúltima vez que fui hombre bala (cuentos). Publicado el 7 de diciembre de 2020






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