Colocó el cuadro con la foto de la abuela en el centro de la pared del comedor. Para que quedara bien ubicada debió correr varias de las pesadas sillas, una de ellas quedó casi pegada al trinchante. No quedaba tan bien como hubiera querido, pero terminó siendo la única solución que encontró. En todo caso después vería.
Lo segundo que le dio trabajo, en realidad le reclamó un
impensado esfuerzo que terminó haciéndolo transpirar, fue el viejo sofá de tres
cuerpos. Al abuelo se le ocurrió comprar semejante mastodonte, pero resultó imposible discutirle. Demandó lo suyo, aunque al fin quedó bien.
Las tres mesitas que hacían juego no le dieron trabajo en
sí mismas, porque eran livianas. Sin embargo, colocarlas de una manera armónica
(para evitar que la tía protestara) le significó también un desgaste excesivo. Para
cubrirlas eligió mantelitos de distinto color.
La tía lo atemorizaba: nunca estaba de acuerdo, era
protestona, incomodaba a quien tuviera enfrente. Todo corazón, pero con su
todocorazón cometía barrabasadas a cada momento. Ella sola podría provocar
una nueva guerra mundial.
Exageraba, aunque no tanto, era una auténtica profesional
para amargar las fiestas, pero resultaría imposible no tomarla en cuenta. La
soledad, muy parecida a la suya, la consumía. “La famiglia unita”, dijo
en voz alta.
Se dio un golpe en la frente: “¡el asado!”. No estaba
atento y su desatención derivó en el olor a carne chamuscada. Su reacción evitó
el infortunio. Se apresuró a reubicar las brasas en la parrilla y a colocar de
otra manera los cortes de carne que ya invadían el patio con su fuerte y, al
mismo tiempo, atractivo aroma.
Volvió a acomodar los muebles. Las mujeres, cuando no, se
ocuparían de las ensaladas.
Recorrió la casa. Limpió, casi sin necesidad, aquí y
allá.
Se acercaba el mediodía. Empezarían a llegar de un
momento a otro.
Sería un batallón.
¿Alcanzaría la comida para tantos?
Sonrió levemente. Alcanzaría, por supuesto. Su
preocupación estaba demás.
Los esperaba con la nostalgia que suponía el reencuentro
largo tiempo postergado.
Suspiró hondamente.
Miró en derredor, parado en medio del amplio, total desierto.

Comentarios
Publicar un comentario