PUNTO CERO, NOVELA DE SEICHO MATSUMOTO

 


(diseño de Gerardo Morán)
(listado de fotgrafúas al final)

Unos quince años después de la derrota de Japón, la joven Teiko Itane, recién casada con quien iba a resultarle un perfecto desconocido, se entera de que su marido ha desaparecido en Kawazawa, pequeña y distante ciudad costera en la que trabajaba, en tanto ella lo aguardaba en Tokio.

La ficción es narrada por Seicho Matsumoto, escritor japonés que -luego de años de periodismo- se especializó en novelas policiales. Punto cero (también llevada al cine y a la televisión) fue una de las obras centrales de las ficciones que escribiera entre 1951 y 1989, período en que publicó algo más de treinta novelas que tuvieron gran popularidad. El sello español Libros del Asteroide lleva editadas cinco de ellas.

Teiko apenas si ha logrado conocer a su marido dado que el matrimonio fue acordado a través de uno de los llamados “casamenteros”. El proyecto de Kenichi Uhara, diez años mayor que su esposa, era liquidar algunas cuestiones menores en su lugar de trabajo y volver a Tokio, donde seguiría trabajando para la misma empresa.

No fue lo que ocurrió. Precisamente, personal de esa empresa es el que se pone en contacto con Teiko para hacerle saber que -de súbito- ha dejado de tener noticias de su marido. Esa información es la que lleva a la joven a trasladarse a Kawazawa en días de un muy crudo invierno.. El punto cero, donde todo comenzó y en el que los misterios serán develados…



El paisaje desolador tendrá una clara significación simbólica en la novela.

La historia que narra Matsumoto va tornándose cada vez más compleja, en tanto el misterio de la desaparición persiste. A su búsqueda se sumarán Yoshio Honda, designado reemplazante de Kenichi en la empresa, y el hermano de este, Sotaro, cuyas acciones ambiguas desconcertarán a la joven esposa.

La “investigación” que esta lleva, al margen de la que realiza la policía, abre un interrogante tras otro mientras su marido continúa desaparecido.  Y a su vez Matsumoto irá ubicando al lector en un tiempo histórico determinado en el que las heridas de la guerra siguen sin cerrarse mientras las mujeres van cobrando un cada vez más “audaz” protagonismo.

Mientras narra la historia el autor va recordando, precisando, lo vivido (y sufrido) por Japón luego de resultar vencido al término de la Segunda Guerra Mundial. La nación nipona registró pérdidas de todo orden, no solo en números de heridos y muertos (casi tres millones en este último caso, la mitad de ellos integrantes de sus fuerzas armadas), amén de las bombas atómicas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki y de la catástrofe material de todo orden, sino que a ello hay sumarle el hecho de que fue la primera vez en su historia que el imperio nipón se rindió al tiempo de que el emperador negaba su supuesto origen divino.



Otra consecuencia indeseada fue la proliferación de prostitutas que intimaron con los soldados norteamericanos en los primeros años de posguerra. Se les llamó (según la traducción del libro) las chicas pampam y en la novela, años más tarde, cuando ellas prácticamente habían desaparecido de la vida cotidiana, en forma indirecta tendrán considerable incidencia. En realidad, afectará de distinta manera a dos de ellas y en este caso habría que acudir al título, en Argentina, de la película I Confess, de Alfred Hitchcock: mi secreto me condena.

Porque el enigma de la desaparición de Uhara, así como asesinatos y presuntos suicidios, referirán a un pasado bochornoso de uno de los principales personajes que en el presente de la historia intenta que no se conozca con diversas maniobras funestas.

Teiko irá dilucidando los enigmas uno a uno hasta arribar a una determinada resultante (que no conviene develar acá), cuando todo es tardío y de cierta manera irrelevante.

“Suicidios” inesperados, muertes también misteriosas, irán jalonando el devenir de la novela, en la que las apariencias y el ascenso social serán cruciales por su alta demanda. Y el precio que algunos (especialmente una mujer) se ven compelidos a pagar.

La soledad extrema (representada por los paisajes desolados y el frío casi terminal) y la total impotencia terminarán siendo para Teiko los únicos “acompañantes” que le quedan en una historia funesta, marcada por cicatrices que no terminan de cerrar.

Punto cero (Zero no shoten), de Seicho Matsumoto

Libros del Asteroide, Barcelona, 2005, 306 páginas

Traducción de Marina Bornas






Datos para una biografía

Seicho Matsumoto (1909-1992) fue un prolífico escritor japonés. Comenzó a publicar cuando ya tenía más de cuarenta años, luego de trabajar en el periodismo. Su carrera literaria no despegó hasta su segundo libro, cuando recibió el premio Akutagawa por Historia del diario de Kokura (Aru Kokuranikki den, 1952). Matsumoto recibió algunos de los más prestigiosos premios literarios de su país y está considerado uno de los principales escritores japoneses de novela negra. Entre sus libros destacan La voz (Koe, 1955), El expreso de Tokio (Ten to sen, 1958; Punto cero (Zero no shoten, 1959), El castillo de arena (Suna no utsuwa, 1961), La chica de Kyushu (Kiri no hata, 1961) y Un lugar desconocido (Kikanakatta Basho, 1975). En cine y televisión registra nada menos que 168 producciones (japonesas en casi su totalidad) basadas en sus historias. Punto cero fue llevada como serie a la televisión de su país en 1983, dirigida por Masami Ryuji. A su vez en cine se hicieron dos versiones, una en 1961 dirigida por Yoshitaro Nomura y la segunda en 2009 dirigida por Isshin Inudo.


Fotografías

(De arriba abajo): Postal de Kawasawa en el invierno; Tokio en la época en la que transcurre la novela con notoria ausencia de edificios de altura; la edición japonesa de Punto cero; cartel publicitario de la película Punto cero (o Zero no shoten) de 1963, dirigida por Yoshitaro Nomura

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