(diseño: Gerardo Morán)
(listado de fotografías y video al final de la nota)
Adrián Venturi, sesentón y cantor de tangos, sufre a causa de los acúfenos, esos
fenómenos auditivos que tienen su origen en un fallo del sistema nervioso. El
estrés también hace su aporte. Como fuere, los sonidos que percibe en
prácticamente todo momento le generan sensaciones tan molestas como extrañas
que, al término, lo colocan en un impreciso otro lugar. Un lugar indefinido que se
agudiza mientras vive experiencias nada comunes, como si se hubiese instalado
en una realidad ajena, o paralela, a la cotidiana.
Es lo que narra en su reciente novela el argentino Luis Gusmán quien
suele presentar historias en las que lo raro se mezcla con aquello que
podríamos llamar el mundo cotidiano. Se reitera en su nueva ficción en el que
dos seres solitarios (Venturi y una joven mujer que trata de dilucidar el
misterio de la desaparición de su madre) viven un periplo físico por
poblaciones de la provincia de Buenos Aires que, al mismo tiempo, se tornan en “viajes”
existenciales.
Del intérprete de tangos se podría decir aquello que el mismo Gusmán señaló
sobre otros de sus personajes, Roberto Landa, protagonista de la novela El
peletero (2007): “Su mundo se derrumbaba lentamente”. Aunque en el caso del
tanguero ese derrumbe se presenta más acelerado.
Venturi viaja a Mar del Plata para participar de una suerte de festival de
la llamada música ciudadana. Tiene sus seguidores y hasta imitadores, pero prevalece
la inseguridad que viene registrando a causa de su enfermedad, al punto de que
decide cambiar radicalmente su aspecto.
Cuenta Gusmán: “Entró a la peluquería decidido a que le plancharan el pelo,
se lo cortaran más corto y a que le cambiaran su color rubio por un tono más
oscuro. Un cambio sustancial antes de presentarse en el escenario, donde era
aguardado”.
Precisamente, la voz relatora había expresado: “(Venturi) estaba un poco
desquiciado, pero quién no se vuelve un poco loco si de un día para otro pierde
la audición y la cabeza se le llena de ruidos extraños”.
Es ese mundo de confusión el que se le impone y lo lleva a ausentarse del encuentro
de tango y al mismo tomar un nombre prestado escuchado alguna vez: Omar
Montessi.
La curiosidad se acentúa porque con su nuevo aspecto decide concurrir a la reunión
tanguera. Y no solo eso, acercarse a sus dos imitadores: el óptico Néstor Dossi
y el martillero Roberto Massey. El raro estado en que se encuentra lo lleva a
presentarse como un tercer imitador de… sí mismo.
El extrañamiento se acentúa cuando una mujer más joven que él, Natalia, quien busca conocer
cuál ha sido el derrotero de su madre que abandonó el hogar a causa de un tal…
Omar Montessi, se acerca a Venturi creyendo que se trata de la misma persona para pedirle que la acompañe en un viaje por localidades de la provincia de Buenos Aires.
En ellas, al parecer, su madre -ya fallecida, y de la que conoce muy poco- recaló
años atrás siguiendo a su amante.
Venturi, que acepta seguirla, no le aclara en ningún momento la confusión
de nombres y ella no indaga lo suficiente. En la travesía van conociéndose
hasta que desembocan en una noche de amor que no tendrá consecuencias dado que Natalia sin despedirse se va del hotel donde habían parado. Le deja una larga
carta de despedida en la que confiesa que se ha dado cuenta de la superchería.
Narra Gusmán: “(Venturi) se sintió solo. De alguna manera Montessi se había
ido con Natalia. Con la chica se había sentido acompañado. La juventud suele
ser inolvidable. Ella estaba sola y él le había entregado su soledad”.
En definitiva, el periplo de Venturi generado por los acúfenos, supone
antes que nada una historia de soledades (la del cantor de tangos, pero también
la de Natalia e incluso la de la mujer del cantante que con paciencia ha
aguardado su regreso). También la novela resulta una “indagación” del
protagonista sobre sí mismo y el áspero camino que le espera dado que sus
problemas auditivos le impedirán continuar cantando en el corto plazo.
En contratapa de la novela se afirma que además se trata de “una
conmovedora elegía sobre el fracaso y el paso del tiempo”. Si, también trata
sobre eso.
Dos extraños, de Luis Gusmán. Editorial Edhasa. Buenos Aires, 2026, 192 páginas
Luis Gusmán en Noticias desde el sur
Comentarios sobre Hasta que te conocí (novela), La casa del Dios oculto (misceláneas) y El frasquito (novela corta, reedición), datos biográficos del autor y entrevista televisiva. Publicado el 14 de diciembre de 2015
Ampliando el espectro
Letra de Como dos extraños
Me acobardó la soledad
Y el miedo enorme de morir lejos de ti
¡Qué ganas tuve de llorar
Sintiendo junto a mí
La burla de la realidad!
Y el corazón me suplicó
Que te buscara y que le diera tu querer
Me lo pedía el corazón
Y entonces te busqué
Creyéndote mi salvación
Y ahora que estoy frente a ti
Parecemos, ya ves, dos extraños
Lección que por fin aprendí
¡Cómo cambian las cosas los años!
Angustia de saber muertas ya
La ilusión y la fe
Perdón si me ves lagrimear
¡Los recuerdos me han hecho mal!
Palideció la luz del sol
Al escucharte fríamente conversar
Fue tan distinto nuestro amor
Y duele comprobar
Que todo, todo terminó
¡Qué gran error volverte a
ver
Para llevarme destrozado el corazón!
Son mil fantasmas, al volver
Burlándose de mí
Las horas de ese muerto ayer
Y ahora que estoy frente a ti
Parecemos, ya ves, dos extraños
Lección que por fin aprendí
¡Cómo cambian las cosas los años!
Angustia de saber muertas ya
La ilusión y la fe
Perdón si me ves lagrimear
¡Los recuerdos me han hecho mal!
Letra de José María Contursí, música de Pedro Laurenz (1940)
Video
Luis Cardei (1944-2000) en el
Club de Vino habla con el público e interpreta Como dos extraños,
acompañado por el bandoneonista Antonio Pisano. Año 1998. Subido a YouTube en 2007. Duración: 6,48
minutos
Fotografías
(De arriba abajo): ciudad de
Mar del Plata, sede del Encuentro de tango; cantante y orquesta típica;
Pergamino, una de las ciudades bonaerenses visitadas por Venturi y Natalia; el
escritor Néstor Tirri






Comentarios
Publicar un comentario