En
el sentido de no encontrarle la vuelta a pesar de que los exámenes de promoción
estaban tan cerca, al punto de que sentía una presión generalizada que se
incrementaba momento a momento, así que se dijo: está bien, y convocó a la IA
que, de inmediato, le abrió camino aportándole soluciones, facilitándole todo.
Aunque,
la verdad sea dicha, no estaba convocado para las grandes cosas, con una
verdulería hubiera sido suficiente, pero tanto el padre como la madre
insistieron porque ya se sabe lo que significa poseer un título, máxime en una
familia en la que nadie lo había obtenido.
El
imprescindible ascenso social.
Sin
embargo, nada pudo concretar porque, como dijeran antes y en público las
maestras del pasado: al chico no le da. Y no le dio.
Pero
a la IA sí, dado que su entusiasmo no había decrecido ni por un segundo, razón
por la que siguió abriendo sus propios caminos, encontrando nuevos horizontes,
rindiendo como nadie hasta ser la primera, la más elogiada y consagrada, y recibiendo
los máximos galardones.
Que
fue cuando no pocos murmuraron: qué orgullosos estarán sus padres.

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