El alemán
Thomas Elsaesser (falecido en 2019) fue un destacado crítico, historiador y
guionista de amplia trayectoria como teórico del fenómeno cinematográfico. Uno
de sus grandes trabajos fue La persistencia de Hollywood, libro
compuesto por una veintena de artículos revisados a fondo durante una década y que
se conoció como libro catorce años atrás.
Elsaesser dirigió también la película La isla del sol (The Sun Island, 2017), que gira en torno a la vida y obra de su abuelo arquitecto. Se había iniciado como crítico en la convulsionada París de 1968 al lado de Henri Langlois padre de la prestigiosa Cinemateca Francesa, históricamente dedicada al rescate y preservación de miles de películas, tanto silentes como habladas que, de otro modo, hubieran desaparecido.
Esa
experiencia le serviría de mucho al teórico alemán quien, oportunamente,
también se dedicaría al salvataje del cine mudo, especialmente el realizado en
su país.
La persistencia hollywoodense de la que habla el libro refiere a la vigencia del cine norteamericano a través de los años y a pesar de las vicisitudes múltiples con las que ha tropezado, ya fuere el paso del cine mundo al sonoro, la aparición de la televisión, los cambios culturales y de costumbres, el paso al orbe digital y hoy en día (algo que obviamente no está abordado en el libro) tanto la “prepotencia” del streaming como de la inteligencia artificial. Dos fenómenos que están generando cambios explosivos al decir cinematográfico y que con toda seguridad le hubieran generado un profundo interés a este teórico de excepción.
Elsaesser en su momento “tropezó” con la computadora y los cambios de la
digitalización a los que un pensador como Jean Baudrillard advertía como un problema
que generaba “interferencias” en el cine. En cambio, desde su perspectiva, se trataba de un avance positivo. Hasta se podría decir que en todos los casos
su mirada, que era muy aguda y crítica, se inclinaba habitualmente por una visión optimista respecto de las novedades de distinto orden que incidían en el fenómeno del séptimo arte.
Al leerlo, da
la sensación de que Elsaesser vio “todo” el cine a lo largo de su vida.
Sensación, nada más, pero lo que sí es cierto es que tomó contacto con lo mejor que el cine ha dado a lo largo de su
prolífica historia. Se entiende entonces que haya dicho: “Me dediqué a la misión
de hacer del cine lo más importante de mi vida”.
En
su análisis se detiene en lo que ha sido el “cine de autor” (que él llama auteur)
diferenciando al europeo del norteamericano, porque no aparta a este de lo
peculiar de la cinematografía estadounidense, es decir que centralmente siempre
ha sido un producto masivo, popular, “atravesado” por la economía y el capitalismo.
Aunque
el estudioso del cine se detiene en distintas películas y directores, se
destacan sus apartados dedicados a Orson Welles (“un espíritu de contradicción
animó todo lo que Welles hizo en cine”), Alfred Hitchcock, Fritz Lang (“podría
argüirse que Hitchcock puede haber sido, a ojos de Lang, el aprendiz de brujo,
persiguiendo y sobrepasando con su habilidad, fortuna y poder a quien pensaba
de sí mismo ser el maestro de los magos”) y, muy especialmente, Stanley Kubrick
(“un posmodernista absoluto”), en tanto que reserva su cierre para la primera Avatar,
la película rupturista de James Cameron, de 2009.
En
los veinte ensayos que componen el volumen observa el fenómeno cinematográfico
desde muy diversas perspectivas, ya hablando de un director o de una película, o
haciendo consideraciones diversas acerca de la propia historia del cine. En
determinado momento lo analiza desde una visión personal al tiempo de establecer
coincidencias o discrepancias con los aportes de otros especialistas, en todos los
casos con una actitud muy abierta y receptiva.
Elsaesser
se refiere al cine centralmente, pero no descuida otros aspectos, entre ellos
la fotografía, aborda lo concerniente a la irrupción de internet, así como se
detiene en la publicidad y el marketing. También reflexiona sobre el
fenómeno que significó el formato casero de las películas que ingresaron a los
hogares de manera masiva en un breve tiempo. Desde otra perspectiva establece
nexos entre el cine europeo y el norteamericano sin dejar de lado el aspecto
comercial de la producción fílmica.
Considera
que “el amor al cine” signado por la emoción se consolidó en las primeras
décadas del siglo anterior y ha permanecido vigente hasta nuestros días, más
allá de los diferentes cambios que se han producido al paso del tiempo,
incrementados de manera notable con la incorporación de las nuevas y mutantes
tecnologías.
En
el libro, el autor “dialoga” con múltiples pensadores, tanto de hoy como del
pasado, y sin temor ni egolatría hace suyos comentarios y conclusiones de esos “otros”.
No con afán de copia ni, menos, para quedarse con ideas ajenas, sino para
compartirlas con los lectores, demostrando así su amplitud de criterio y de,
cierta manera, también dando pruebas de su propia humildad.
De
ahí que cite tanto a Roland Barthes o a Theodor Adorno, a André Bazin como a Gilles Deleuze, entre otros ,cuyos aportes enriquecen a este libro,
ciertamente infrecuente. Las citas al pie, la mayoría imprescindibles, son
abundantes.
Destaqué
a los directores a quienes Elsaesser distingue en amplios apartados, pero no
son menores ni accidentales sus menciones a otros maestros del celuloide, entre
los que cabe mencionar a Coppola, Lucas, Spielberg, Fuller, Ray, Minnelli, entre
tantos, y también a múltiples directores europeos (Fellini, Truffaut, Visconti,
Bergman, entre otros).
Cambios
políticos, realidad social, búsquedas creativas, personales y/o colectivas,
todo ha concurrido para ese plato complejo y tantas veces contradictorio que ha
sido y es el cine norteamericano, centrado en la “persistencia” de Hollywood,
en ese protagonismo que va y viene (y que en determinado momento la televisión
pareció a punto de engullirse), pero que hoy mismo obviamente subsiste.
Autodefinido como “amante del cine”, señala el autor que desde sus comienzos en la Cinémathèque française en los vitales ’60 del siglo pasado e iniciado como crítico de cine, fue ampliando su campo de visión colisionando en ese camino de conocimiento con otros teóricos de miras más estrechas o acotadas. Al final, la “visión de conjunto” que enriqueció su concepto del cine le ha permitido los múltiples abordajes advertibles en el presente libro.
Es
comprensible que, entre tantos temas, Elsaesser se detenga en el riquísimo
aporte que el cine de Estados Unidos realizó entre fines de la década de 1960 y
mediados de los ’70, ocasión en que el que convergió el cine de auteur con el
de masas, con películas de la trascendencia de Busco mi destino, Apocalipsis
Now, Barrio Chino, la saga de El padrino, Cowboy de medianoche,
La conversación, Todos los hombres del presidente y Baile de
ilusiones. Obvio es decir que el listado se puede ampliar
considerablemente. Sabido es que el escenario cambió sustancialmente cuando,
casi en simultáneo, irrumpieron en la pantalla Tiburón y, especialmente,
La guerra de las galaxias.
Hubo,
hay y supongo que habrá directores que lograron ser ellos mismos a pesar del
sistema de los estudios y la presión de los productores para obtener ganancias.
Es sabido que se llamaron Lubitsch, Wilder, Hitchcock, Hawks, Negulescu,
Minnelli y tantísimos más. Y que hoy mismo se llaman Scorsese, Eastwood, Coen,
Allen, Cameron, Bigelow… y algunos más… Todos los cuales hablan, hablaron,
hablarán, de las tensiones profundas que caracterizan a Hollywood. El de ayer.
El de hoy. El de siempre.
Sobre
el que con tanta solvencia habla Thomas Elseasser en este libro insustituible.
La persistencia de Hollywood (The Persistence of Hollywood) de Thomas Elsaesser
El
cuenco de plata, Buenos Aires, 2025, 490 páginas
Traducción
de Horacio Bernardes. Edición de Julio Patricio Rovelli
Datos para una biografía
Thomas
Elsaesser (Berlin,1943-Beijing,
China, 2019). A los veinte años se trasladó a Gran Bretaña donde estudió
literatura inglesa en la Universidad de Susex y entre 1967 y 1968 prosiguió sus
estudios en la Soborna de París. En esa época se incorporó a la Cinemateca
Francesa. Colaboró en publicaciones sobre cine y en 1972 publicó su libro Tales
of Sound and Fury, que lo consagró internacionalmente. Fue profesor
emérito de cine y televisión en la Universidad de Ámsterdam y, desde 2006, profesor
visitante en la Universidad de Yale. Entre sus libros figuran: Weimar
Cinema and After, Metropolis, Studying Contemporary
American Film (con Warren Buckland), European Cinema: Face to
Face with Hollywood y Film Theory: An Introduction Through the
Senses (con Malte Hagener).Falleció a los 76 años en la capital de China,
a la que había viajado para dictar una conferencia.
Listado
de fotografías (de arriba abajo): el casi mítico cartel de Hollywood, en Los
Ángeles, California; Thomas Elsaesser; fotograma de El Padrino (The
Godfather, Francis Ford Coppola, 1972); fotograma de El ciudadano (Citizen
Kane, Orson Welles, 1941); el teórico francés Roland Barthes; fotograma de Barrio
Chino (Chinatown, Roman Polanski, 1974); fotograma de 2001,
odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968)









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