Un hombre
decente (Agent Running in the Field), de John Le Carré
Planeta,
Barcelona-Buenos Aires 2019, 367 páginas
Traducción de
Benito Gómez Ibáñez
En España:
21,50 euros. En Argentina: 890 pesos
En su vigésima quinta novela el británico John Le Carré
(David Cornwell, 1931) retorna a la ficción para hablar a través de sus
personajes sobre los grandes males que afectan hoy al mundo, entre ellos -dice,
advierte- el Brexit. Mientras lucha contra el cáncer (enfermedad que lo tiene a
mal traer desde hace más de un año) el narrador no cesa en lo que considera debe
ser su lucha contra el dolo y la mentira
De nuevo, John Le
Carré. A los ochenta y ocho años se muestra más enojado, más irritado que nunca
respecto de lo que ocurre en el mundo. Y muy, pero muy, disgustado con la idea
del Brexit, la separación de las islas británicas de la Unión Europea, cada día
que pasa más próxima a aplicarse en el Reino Unido.
“No lo comprendo”,
confiesa, al tiempo que descalifica con gruesos epítetos a quienes conducen a
la vieja Gran Bretaña (“tratamos con gente de segunda, empezando por Boris
Johnson”), que está viviendo su propia crónica de una muerte anunciada. O su
propia profecía autocumplida. “Es la mayor idiotez perpetrada por el Reino
Unido”, dice el novelista, tajante.
Pese a tantas
posiciones políticas tomadas, su nuevo trabajo no es una crónica periodística
sino una ficción de cabo a rabo. También, que ella transcurre en el reconocido
mundo de los espías, tan propio de y en Le Carré, con un personaje central,
Nat, un agente británico de 47 años quien, en el comienzo del relato, vive una
crisis personal mientras aguarda saber si será o no despedido de ese lugar, el
espionaje, en el que las miserias humanas suelen marcar las relaciones entre
sus integrantes.
En el club al
que concurre habitualmente Nat (en Battersea, próxima a Londres) conoce a Ed
Shannon, un joven impetuoso que desea medirse con él -y quizás derrotarlo- por
saberlo un excelente jugador de bádminton. La relación inicial, de desconfianza
por parte de Nat, se irá afianzando con el correr del tiempo, al punto de que en
la práctica Ed se transformará en su único rival, Y, más tarde, se volverá un generador
de inesperados y graves problemas.
Imposible
hablar sobre estos, porque sería recargar de “spoilers” a la presente
nota. Y porque (bien lo saben los lectores de Le Carré) lo propio de sus
historias es el-enigma-a-dilucidar. O, mejor, los enigmas.
Es el tiempo
del Brexit. El del primer ministro británico Johnson, de la poco comprensible
“amistad” de Donald Trump y Vladimir Putin, del ascenso de los nacionalismos
ultras en distintas partes de Europa, de las reiteradas crisis de las naciones
democráticas y liberales, del nuevo auge del autoritarismo. Un sinfín de hechos
negativos que enfurecen a Le Carré y que logra “transmitir” en sus historias,
como aquí ocurre. Y a sus personajes.
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Manifestaciones contra el Brexit en Londres |
¿Solos contra el mundo? Esto es así porque Nat,
aunque sin salirse de los límites de su profesión (no lo despiden, pero lo
ponen al frente de una desprestigiada dependencia, El Refugio, para vigilar a
los rusos) también rechaza cuanto viene ocurriendo en el mundo, mientras que
Shannon no se demora en expresar sus acervas críticas, el Brexit por encima de
todo. Críticas que parecen acrecentarse en el clima tórrido de Londres, con
temperaturas inéditas (motivo que el autor utiliza para hablar tangencialmente del cambio climático. En julio del año que hoy termina hubo
días de hasta cuarenta grados en la capital británica).
Desde hace
considerable tiempo (presuntamente desde El sastre de Panamá, 1996), el
escritor británico ha optado por narrar de una manera casi lineal, apelando a
reiterados diálogos cargados de ironías. Ocurre también en esta novela, en la
que Nat debe hacer verdaderas maniobras para seguir dentro de la organización a
la que pertenece sin perder de vista aquello que le importa (aquello que
subyace en la novela): la ética.
Esto, a pesar
de los vaivenes de la política, de la notoria fragilidad del Reino Unido, de
que la sensación de pérdida y hasta de engaño que viene acompañando casi desde
siempre a los diversos personajes de Le Carré, se ha acentuado al máximo, tanto
que el lector percibe que la pregunta esencial que se formula Nat (sin llegar a
expresarla de manera literal) es si vale aún el esfuerzo, mientras el edificio
patrio se derrumba sin solución de continuidad.
Hay una
operación frustrada, llamada “Rosebud”, en claro homenaje a Orson Welles -tanto
que un personaje central del episodio se llama, o es llamado, Orson- vínculos
nunca del todo aclarados con Alemania, con los Estados Unidos, y una profunda
desconfianza hacia Rusia, que ya no es la Unión Soviética pero sí el territorio
sospechoso que domina Putin.
Tales las
preocupaciones centrales de Nat, su mujer Prue, y Pauline, una joven que ha
trabajado en los servicios secretos pero que, a diferencia del protagonista,
cuando se siente usado rompe con ese círculo en el que hubo, hay y habrá,
preguntas que nunca serán contestadas.
Una maniobra
que permitirá alentar un mínimo de esperanza en medio de tanta situación
negativa, muestra que Le Carré sigue dominando el suspenso y la sorpresa. Otro
motivo para seguir leyéndolo con interés, a pesar del paso de los años.
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tapa de la edición en inglés |
“Estoy de
vuelta en El Refugio. Cerrando las puertas a las caras largas de mi equipo, me
pongo a trabajar. Redacto una carta a mi antiguo agente Woodpecker, alias de
Arkady. Le escribo en mi teórica capacidad de secretario de un club de
bádminton en Brighton. Lo invito a ir con un equipo mixto de jugadores a
nuestra preciosa ciudad de la costa. Le propongo fechas y horas de competición
y le ofrezco alojamiento gratuito. El uso de claves secretas en la comunicación
abierta es más antiguo que la Biblia, y se basa en el entendimiento mutuo entre
destinatario y remitente. El entendimiento entre Arkady y yo no se apoya en
ningún libro de códigos, y se debe a la idea de que toda premisa siempre contiene
su contraria. De manera que yo no lo estaba invitando, sino que trataba de que
me invitara él. Las fechas en las que el teórico club estaba preparado para
acoger a sus invitados eran las fechas en las que yo esperaba ser recibido por
Arkady. Mi ofrecimiento de hospitalidad era una obsequiosa pregunta sobre si
iba a recibirme y dónde podríamos encontrarnos. Las fechas de competición
indicaban que a mí me venían bien cualquiera de ellas.
“En un párrafo
que se aproximaba a la realidad tanto como lo permitía la pantalla, le recordaba
las amistosas relaciones a pesar de las cambiantes tensiones que había en el
mundo en general y firmé como Nicola Halliday (señora) porque, en los cinco
años de nuestra colaboración, Arkady me había conocido como Nick, pese al hecho
de que la lista oficial de representantes consulares en Trieste pregonaba a voz
de cuello mi verdadero nombre. La señora Halliday no facilitaba la dirección de
su domicilio. Arkady sabía muchos sitios adonde escribir en caso de que
quisiera hacerlo.
“Luego me
recosté en el asiento y me resigné a una larga espera, porque Arkady nunca
adoptaba decisiones importantes de forma apresurada” (pp.151-152).
Datos para una
biografía
John le Carré es el seudónimo de David John Moore Cornwell,
nacido en Poole, Inglaterra, el 19 de octubre de 1931. El novelista se ha
especializado en relatos de espionaje y suspenso ambientados en la época de la
Guerra Fría. Las atmósferas y los personajes creados en aquellos “años dorados”
del novelista constituyen lo mejor de su producción y son paradigmáticas en el
“género” de las novelas de espías. También es paradigmático su personaje George
Smiley. La primera de esas novelas fue Llamada para el muerto, de 1962,
a la que siguieron, entre otros títulos, El espía que surgió del frío, El
honorable colegial, El topo y La gente de Smiley. Le Carré estudió en las
universidades de Berna y Oxford y fue profesor en la de Eton entre 1956 y 1958.
Perteneció al cuerpo diplomático británico entre 1960 y 1964 y también a sus
servicios secretos. En los últimos años ha publicado novelas que refieren a la
compleja realidad de nuestros días, ya se trate del terrorismo, el
desmembramiento de la Unión Soviética, la política norteamericana o la acción
clandestina de los laboratorios. Ahora le ha añadido sus críticas al Brexit. Le Carré había incursionado en otros ámbitos
con La chica del tambor, de 1983, pero cambió totalmente su perspectiva
de narrador en los ’90, a partir de El sastre de Panamá, de 1996. Sus
últimas novelas han sido El jardinero fiel, Amigos absolutos,
La canción de los misioneros, El hombre más buscado, Un traidor
entre los nuestros, Una verdad delicada y El legado de los espías,
en la que hizo reaparecer, brevemente, a George Smiley, todas publicadas a
partir del año 2000. Volar en círculos fue su antepenúltimo libro, de
memorias. Le Carré ha publicado veinticinco novelas, cuatro libros de “no
ficción”, otros tantos de relatos cortos y escribió tres guiones de cine. A lo
largo de los años, con suerte dispar, varias de sus ficciones han sido llevadas
al cine y a la televisión. Hubo una serie, de la BBC, realizada en 1982, con el
personaje de Smiley interpretada por Alec Guinness, de altísima calidad. Tres
de sus últimas historias vertidas al cine con verdadera eficacia han sido “El
jardinero fiel”, con Ralph Fiennes (Fernando Meirelles, 2005), “El topo”, con
Gary Oldman en el papel de Smiley (Tomas Alfredson, 2011) y “El hombre más
buscado”, con una excepcional actuación de Philip Seymour Hoffman (Anton
Corbijin, 2014).
En el blog:
En internet:
Video:
Entrevista a John Le Carré, realizada por Guillermo Altares y El País,
de España, en la que habla de la realidad política de Gran Bretaña, expresando
su rechazo al Brexit, y de Un hombre decente. Subida a YouTube el 20.10.19.
Duración: 5,31 minutos. Subtitulada.
Recién llego a tu blog y me encanta la selección de libros, acabo de terminar ''Volar en círculos'' y me encantó.
ResponderEliminarA lo largo de los años y de los libros, determinadas escritoras, determinados escritores, se transforman en una suerte de amigos (sin que ellos lo sepan, por supuesto). Le Carré no es el del comienzo, pero compensa todo con sus posiciones éticas. Gracias por tus palabras.
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