En este
nuevo episodio de la saga del detective Parker, John Connolly vuelve a
demostrar su habilidad para aunar la novela negra con el género de terror, aunque
esta vez acordándole mayor primacía a los hechos criminales
Tiempos
oscuros
(A Time of Torment), de John Connolly
Tusquets Editores, Barcelona-Buenos Aires, 2018,
476 páginas
Traducción de Vicente Campos
En España: 19,90 euros. En Argentina: 449 euros.
La saga del atormentado detective Charlie Parker
no se detiene. En efecto, Tiempos oscuros
es la décimo quinta incursión en el mundo sombrío del agente privado que explora una y otra vez las regiones siniestras del estado norteamericano
de Maine, siempre arriesgando su vida, investigando tanto lo que ocurre en la
superficie del mundo conocido como en sus presuntas (¿ciertas? ¿inexistentes?)
capas profundas y sobrenaturales.
Como ocurriera en las historias inmediatamente
anteriores (El invierno del lobo
y
La canción de las sombras), de nuevo
Parker debe dilucidar acontecimientos extraños (por decir lo menos) que ocurren
en una pequeña y hermética comunidad, poco dispuesta a abrir sus puertas a los
extraños. Más bien, todo lo contrario.
En La hora
del lobo, Parker debió enfrentarse con una población, la de Prosperous,
ganada por el fanatismo religioso. En La
canción de las sombras otro tipo de fanáticos, los nazis, buscaban
consolidar sus locuras ideológicas en una segunda localidad, Boreas. En este
nuevo episodio se trata de El Tajo (The Cut), una especie de barrio
(inaccesible para el común de los mortales) de un poblado algo más grande, Plassey
County o condado de Plassey. Como apuntara, todas ellas ubicadas en el estado
de Maine, (en la región de Nueva Inglaterra, próxima a Canadá), del que Parker
nunca se mueve. Y tampoco Connolly.
Quien haya leído los “episodios” anteriores de
la saga, habrán visto a un Parker luchando despiadadamente contra fuerzas
oscuras que representan al Mal o, quizás, a un Dios oscuro que parece pronto a
despertar. Y Parker sería el llamado a combatirlo. O a resistirlo.
Con considerable eficacia, el escritor irlandés
hace que sus historias policiales se aúnen con el género del terror, logrando
que transcurran en dos planos simultáneos que, aunque intercomunicados, son
advertibles sólo por escasos mortales, el detective (obvio) el primero de ellos.
El superficial refiere a hechos criminales concretos y tangibles que el detective
investiga y, en general, logra dilucidar. El segundo refiere al profundo (por
llamarlo de alguna manera) donde reinan el Mal y las fuerzas terribles que lo
representan.
Estos conflictos se resuelven muchas veces a
medias, en episodios de gran violencia en el que suelen morir seres inocentes.
Como les ocurriera a su mujer y a su hija, Jennifer, asesinadas en el primer
episodio de la saga (Todo lo que muere,
1999).
En El invierno
del lobo, Parker estuvo a punto de perecer (de hecho, se halló clínicamente
muerto durante cierto tiempo) y allí pudo relacionarse con ese “otro lado”
perturbador, totalizador, que parece estar aguardándolo desde siempre. Y tanto
en esa novela como en la siguiente pudo advertir que su segunda hija, Sam, sabe
cómo relacionarse con ese mundo terrible. Lo que desconoce es que, además, su
pequeña hija tiene contactos con Jennifer, la niña muerta.
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Otoño en Maine |
Noticias del
Más Allá.
La presencia de lo sobrenatural es “connatural” a estas historias y aquí vuelve
a hacerse presente, tanto en lo que refiere a un Rey Muerto que mucho tiene que ver con El Tajo, como por las
propias acciones de la pequeña Sam en el final de la novela, pero Connolly
(autor que nunca se duerme en los laureles), desarrolla su ficción con sutiles
cambios respecto de las anteriores, ligándola más que nada a la “realidad” y
alejándola de manera considerable del orbe de lo Terrible.
En efecto, aunque en la novela se registran situaciones poco o nada vinculadas a “lo real”, la mayor parte de cuanto le
acontece a Parker, y a sus infaltables guardaespaldas y amigos Louis y Angel,
se vincula con crímenes, hechos delictivos, venganzas, atrocidades que tienen
que ver sobre todo con los dislates de una pequeña comunidad enloquecida
por sus propias creencias.
El que “lleva” al detective a El Tajo es el ex
convicto Jerome Burnel, quien tuvo una condena de cinco años por poseer pornografía
infantil. Burnel siempre se declaró inocente y en su encuentro con Parker le relata en detalle las
penurias sufridas en la cárcel, así como su convencimiento de que será ultimado
en cualquier momento porque él, antes de ser acusado por pedofilia, había
matado a dos asaltantes de un bar en el que se encontraba por casualidad.
Su acción lo transformó en un héroe, pero al
poco tiempo todo trocó en pesadilla. Perdió su empleo, su mujer lo dejó y en la
cárcel vivió en el infierno, por lo que volvió una triste criatura solitaria,
condenada tanto por la justicia como por la sociedad por un hecho, o una serie
de hechos, que asegura no haber cometido. Parker, aunque con muchas dudas al
principio, termina creyéndole y decide investigar.
A partir de ese momento todo será aquelarre,
porque El Tajo se resiste a cualquier investigación, defendiendo sus (malas)
costumbres, su perverso estilo de vida y, también, los delitos y crímenes que
se cometen por ser fieles a ese Rey Muerto que todo parece decidir.
La novela es extensa, una de las más largas de
la serie, a mi juicio sin demasiada necesidad, aunque también es cierto que son
múltiples los escenarios y las historias secundarias que Connolly incorpora al
corpus central. De cualquier modo, ya se sabe que el autor irlandés conoce a
fondo su oficio y aquí vuelve a demostrarlo, para satisfacción de sus lectores,
que son legión.
Tiempos oscuros se
conoció originalmente en 2015. A ella le siguió A Game of Ghosts (Juego de
fantasmas), publicada el año pasado y en estos días comienza a distribuirse
la edición en inglés de The Woman in the
Woods (La mujer en el bosque), 17º
episodio de la serie.
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La edición en inglés |
“-No he bebido nada desde que he salido – dijo Burnel.
-¿De veras? – dijo Parker.
- Creía que sería lo que más me
apetecería en cuanto saliera, bueno, una de las primeras cosas, al menos –
prosiguió Burnel. Hablaba con titubeos, como si no estuviera convencido de que
todavía poseyera todas las palabras que podría necesitar para expresar sus
pensamientos-. Pero cuando llegó la hora, no lo fue.
-¿Y qué fue?
-No lo sé – dijo Burnel.
Parecía sinceramente confuso.
-Es un verdadero shock, ¿no? –
preguntó Parker.
-¿Estar libre?
-Sí.
-Supongo que sí. Tenía un
montón de planes, todas las cosas a las que les dedicaría los primeros días en
cuanto saliera de allí, pero no ha pasado nada. He tomado un buen café.
Básicamente lo que me gusta es caminar. Me gusta dar de comer a las palomas,
aunque alguien me dijo que no estaba permitido. No sé si es verdad. Espero que
no. Me gustaría tener un perro, pero… -Se interrumpió y sonrió arrepentido-.
Esto no tiene ningún interés para ustedes -dijo- carece de importancia. Y no
soy libre, no lo soy, porque me han impuesto todo tipo de condiciones al salir.
Por el momento, no puedo abandonar el estado y tengo que hablar con terapeutas
y oficiales de libertad condicional. Cuando me paro para sentarme un rato debo
asegurarme de que no haya niños cerca. No se me permite acceder a internet. Mi
nombre consta en el Registro de Delincuentes Sexuales, y, por si todo eso fuera
poco, ayer hojeé un periódico en una cafetería y había un artículo sobre mi
liberación, con una vieja foto mía. He cambiado, pero no tanto como para que
alguien no sea capaz de identificarme a partir de una fotografía. La gente ya
me mira raro, o esa impresión me da. No sabría decir si han descubierto quien
soy o si sólo son imaginaciones mías.
-Las cosas irán mejorando –
dijo Parker.
-No, no mejorarán -dijo
Burnel-, pero eso tampoco supondrá un problema durante mucho tiempo para mí.
-¿Por qué?
-Porque estaré muerto.”
En el blog:
Video: entrevista a John Connolly, en Dublin,
Irlanda, a propósito de la publicación en nuestro idioma de Tiempos oscuros, realizada por Óscar
López, presentador y director del programa Página
2 de Televisión Española, subida a Youtube el 1.2.18. Duración: 14,37
minutos.
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