jueves, 29 de diciembre de 2016

"Cuentos selectos", de Graham Greene. El regreso del maestro

“Cuentos selectos”, de Graham Greene.
Edhasa, Buenos Aires, 2016, 275 páginas.
Selección y prólogo de Guillermo Piro
En Argentina: 275 pesos.

Graham Greene, quién no lo sabe, fue un gran novelista. Pero también, pese a que él mismo no les prestaba demasiada importancia, escribió excelentes cuentos, aunque éstos “retrocedan” respecto de títulos tales como “El poder y la gloria”, “El americano impasible”, “El revés de la trama” o “El cónsul honorario”.
Ya hubo una edición de sus cuentos completos, pero ahora Guillermo Piro vuelve a ellos con una selección que he preparado y prologado, para que tengamos la oportunidad de encontrarnos con sus textos irónicos, su visión de la vida, a veces desencantada, a veces esperanzada, y sus sesgados diálogos con un Dios que muchas veces lo ha mostrado de una manera peculiar, como si él hubiera encontrado un camino muy personal para exponerlo. Y exponerse.
Admite el compilador que fue guiado por la arbitrariedad al seleccionar algunos relatos notables y otros no tanto. Esa elección personal lo llevó también a dejar de lado textos fundamentales (por ejemplo, “El ídolo caído”) actuando con la convicción de que un cuento de por sí contiene a todo Greene, con sus obsesiones, sus preferencias y su particular mirada sobre la vida y las cosas.
Se destacan las ficciones en la que los niños tienen preeminencia, tal como ocurre en “Los destructores”, “La sugerencia de una explicación”, “El inocente”, “Apreciado doctor Falkenheim” y, especialmente, “Debajo del jardín”.

Una historia enrevesada. Este cuento fue publicado por primera vez en inglés en 1963, en una selección que luego, en ediciones posteriores, se fue ampliando. “Debajo del jardín” (que es el más extenso de la serie) empieza relatando una historia que nos remite a la enfermedad y a las reflexiones existenciales para, a poco andar, dar una vuelta de tuerca de tal naturaleza que nos sumerge en un ámbito muy diferente, que tiene que ver tanto con la fantasía más absoluta como con las reflexiones religiosas. Y quien nos lleva a ello es el personaje principal del relato, William Wilditch, el que recibe la información de que padece un cáncer difícil de extirpar, lo cual lo lleva a viajar a la propiedad donde vivió su infancia y que en la actualidad es propiedad de su hermano George.
Las diferencias entre hermanos surgen de inmediato, aunque la historia seguirá derivando a otras instancias muy distintas. El disparador es una composición escolar que rescata en la casona familiar que fuera aprobada en el colegio al cual asistía William y que fuera cuestionada por su madre. Pero esa composición, que buscaba recoger una experiencia capital vivida por el protagonista, no reflejaba lo que vivió –o soñó- cuando visitó una suerte de pequeña isla ubicada dentro de la finca.
Para reconstruir lo que le ocurrió, escribe su nueva propia versión de los hechos y entonces el extenso relato pasa a otra instancia, en la que prevalecen la aventura y la absoluta fantasía. La pequeña isla se transforma en un espacio infinito y por lo tanto es factible que el pequeño William encuentre un gran túnel subterráneo en el que “reinan” dos viejos terribles, que lo retienen durante un tiempo que no se puede medir en términos terrenales.
Y así la historia que comenzó hablando de enfermedad y muerte, se proyecta hacia la aventura, la imaginación infantil y las mismas noticias del Infierno (porque no es otro el lugar donde viven los terribles viejos). ·William no logra determinar si lo que recordaba fue vivido o soñado y no se decide por una u otra cosa. Porque es Greene el que no lo decide y deja la historia abierta a la libre interpretación del lector.

Los restantes relatos. En las dieciséis historias seleccionadas prevalece el humor, que cobra distintos tonos, algunos considerablemente oscuros, como ocurre con “Los destructores”, en el que un grupo de niños, hijos de la Segunda Guerra Mundial y de los bombardeos de Londres, se convierten en “termitas” de una determinada vivienda. Hay un humor más urbano y jocoso en el clásico “El hombre que robó la Torre Eiffel” (delante de todo el mundo y sin que ese mundo lo advierta) y una historia más trágica que cómica en “Apreciado doctor Falkenheim” con un presunto Papa Noel incluido.
Dos textos distintos se presentan en esta selección: “La película verde”, muestra a una pareja en su madurez visitando lugares prohibidos en un innominado país asiático. Ante la insistencia de la mujer asisten a la proyección de una película pornográfica, tan vieja como inesperada, que sumerge al hombre en su propio pasado y proyecta a ambos a un presente y, especialmente, a un futuro incierto debido a que los sentimientos y los deseos ocultos cobran inesperado papel protagónico.
El segundo, de final quizás previsible pero también terrible, es “Una oportunidad”, que sumerge a un inglés, Míster Lever, en pleno corazón de África, tratando de encontrar a un contratista que compre unas máquinas que necesita vender para recuperarse económicamente. En este cuento, Greene se luce y seduce, mostrando el choque cultural que se da entre los prejuicios del protagonista, que todo lo desconoce de África, y la vida primitiva –y también contaminada por la codicia que han despertado entre los nativos las pésimas costumbres occidentales. Hay mucha ironía en este relato en el que calor e ignorancia supina cobran papel protagónico, en un mundo abandonado, hambreado y ganado por las enfermedades y la soledad. Un gran texto.
Como también lo es “Al otro lado del puente”, la historia de un expatriado que desde México mira con nostalgia ese “otro lado” que son los Estados Unidos, cuyas tierras están tan próximas pero a las que no puede regresar.
“¿Puede prestarnos a su marido?”, que conserva la buena traducción del argentino Enrique Pezzoni, es una clásica comedia de Greene que lo muestra con su humor mordaz, hablando de sexo y homosexualidad en un tiempo (década de 1960) en que esos temas se mostraban de manera elusiva, aunque ya había “explotado” el fenómeno “Lolita” y Françoise Sagan era éxito de librerías, Es otro de los textos que Piro ha hecho muy bien en rescatar.
En síntesis, y como ocurre habitualmente en Greene, leer o releer sus historias es un excelente motivo para encontrarse con la buena literatura, con el placer de la ficción bien escrita. Recomendable compañía para estos días de verano.

Edición inglesa de los cuentos de Greene
“Sintió una gran alegría cuando el muchacho que marchaba en cabeza señaló una excavación rectangular practicada al borde mismo del camino. Míster Lever comprendió. Davidson había pasado por allí. Era como una breve fosa, pero de profundidad superior a la corriente. En su fondo podía verse un agua negruzca, y las estacas colocadas para impedir el desplome de los lados empezaban ya a pudrirse. El agujero debió ser abierto cuando terminó la estación de las lluvias. Aquello no parecía más que un detalle significante, poco en consonancia con los planes y proyectos que habían llevado hasta allá a míster Lever y su trituradora mecánica. Estaba acostumbrado a las grandes empresas industriales, la vista de pozos, el humo de las chimeneas, las hileras de casitas para obreros, el sillón de cuero de la oficina, el buen cigarro habano, los apretones de manos… y de nuevo volvió a considerar que había caído muy bajo. Era como si hubiese de realizar grandes negocios junto al agujero excavado por un niño, en un jardín abandonado y lleno de hierbajos·.

Datos para una biografía:
Graham Greene nació en 1894 en una población cercana a Londres y falleció en Vevey, Suiza, en 1991. Es reconocido como una de las principales figuras de la narrativa británica contemporánea. Escribió una treintena de novelas, entre las que se destacan “El Poder y la Gloria”, “El ministerio del miedo”, “El revés de la trama”, “El americano impasible”, “Nuestro hombre en La Habana”, “Viajes con mi tía” y “El cónsul honorario”. Escribió varias obras de teatro y guiones de cine, entre ellos el de “El tercer hombre”, famosa película dirigida por Carol Reed e interpretada por Orson Welles. Tomando como base ese guion, escribió luego la novela del mismo nombre. El cine, precisamente, le ha sido muy fiel, tanto que se han filmado, para la pantalla grande como para la televisión, más de 70 películas basadas en su obra, la última “Brighton Rock”, dirigida por Rowan Joffe (2010). Greene fue un heterodoxo católico en tierra protestante, aunque optó por residir en Francia los últimos años de su vida. Sin embargo, por haber denunciado hechos de corrupción en Niza terminó trasladándose a Suiza, donde murió. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para los servicios secretos británicos y aunque fue varias veces postulado al Nobel de Literatura nunca lo obtuvo, presuntamente por sus posiciones políticas de izquierda.

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