jueves, 25 de agosto de 2016

"Una voz escondida", de Parinoush Saniee. El silencio que a todos interpela

“Una voz escondida” (“Pedar-e aan digari”), de Parinoush Saniee.
Salamandra, Barcelona, 2016, 267 páginas.
Traducción del italiano de Carlos Mayor.
En España: 17 euros. En Argentina: 295 pesos.

Entiéndase este libro como un elaborado simbolismo sobre el Irán de los ayatolas, un país en el que es mejor callar, no enfrentarse con las autoridades, guardarse para sí las protestas, los gritos, los males de este mundo. Socióloga, psicóloga, Parinoush Saniee irrumpió en el orbe literario con “El libro de mi destino”, anterior intento de “contar” la realidad iraní que, si bien tuvo gran repercusión internacional, terminó siendo prohibida en su país.
Regresa ahora con “Una voz escondida”, en la que habla del pequeño Shahab, quien se niega a hablar a pesar de tener ya edad para hacerlo y sin que exista en él ningún problema físico que se lo impida. El problema de Shahab lo tiene con el mundo, con un cosmos familiar que no lo comprende y que por eso lo subleva. Las palabras le quedan atrapadas en la garganta y más se incomoda cuando comienzan a llamarlo “tonto”. Al principio, por ser tan pequeño, creyó que era una especie de halago, pero cuando estuvo a punto de morir porque otros niños querían que tomara un agua servida, envenenada, comprendió que se lo denigraba y marginaba, más sintió odio y decidió guardar una distancia decisiva con el mundo.
Ese mundo que lo agrede queda sintetizado en la figura del padre, Naser, un hombre que sólo vive para la figuración y que, aunque se “desloma” trabajando para que su familia no sufra privaciones, descuida a su hijo, más bien le produce un gran rechazo, porque por ser “tonto”· se siente humillado ante los demás. De ahí que prefiera, y exija, a su hijo mayor, Arash, brillante alumno, quien en aras de complacer a su padre y no perder en ninguna instancia su “carrera” exitosa, descuida todo lo demás, adoptando una vida que termina siendo miserable por su egocentrismo.
La familia paterna, representada por la exigente abuela de Shahab, opuesta al casamiento de su hijo, carente de afectos hacia su nieto, también representa la autoridad, más bien el autoritarismo, para el sensible niño y para su madre, que trata de protegerlo aunque por hacerlo muchas veces se equivoca.
Será la abuela materna del pequeño enmudecido, Bibi, una anciana de provincias, quien llevará un poco de sensatez a esa casa, ubicada en la capital, Teherán, abrumada por las normas y el qué dirán. Y será también quien acudirá en auxilio de Shahab, un niño sensible y confundido, necesitado de afecto y comprensión.

Cierto tiempo ha pasado. Como señalé, Saniee es centralmente una socióloga, y la base de “El libro de mi destino” fue una investigación de campo que desarrolló la autora sobre las condiciones de vida de la mujer en el Irán de comienzos del siglo actual, cuando gobernaba el un tanto moderado Mohamad Jatami.
La situación se vio aún más complicada cuando accedió a la presidencia Mahmud Ajmadineyad, un fundamentalista que gobernó Irán entre 2005 y 2013, acentuando el oscurantismo y la represión. En ese contexto en el que debe ubicarse la historia de Shahad, una ficción que parte del hecho real de que un niño no habló hasta los siete años y que resultó el “disparador” de la novela, traducida este año a nuestro idioma aunque su edición original data de 2006.
Esto implica que ha pasado un cierto tiempo y que, al parecer, con el gobierno del más moderado Hasan Rouhani (presidente desde 2013), ciertas situaciones han tendido a modificarse, aunque el régimen de los ayatolas se mantiene, así como los castigos, fuerte censura (recuérdese el caso del director de cine Jafar Panahi, condenado a prisión y con prohibición de filmar por veinte años), las costumbres arcaicas y hasta los ajusticiamientos públicos y masivos.
Deduzco que por ese ámbito opresivo y por los avatares que le provocó su primera novela, la autora ha optado por alegorías y símbolos que matizan a la novela desde principio al fin. Más allá de ello, Shahab le hace saber al mundo, en el comienzo y el final de la novela, que las heridas abiertas nunca cicatrizarán. Y que siempre interpelará a quienes lo han rodeado sin comprenderlo.

Teherán
“Me ponía nerviosísimo cuando mamá repetía aquello de ‘tu padre’, ‘tu padre’.
-¡Qué tonta es tu madre! –decía Ari (personaje imaginado por Shahab)- Ése no es nuestro padre, sino el de Arash. ¿Cómo es posible que no lo comprenda, ella que sabe hablar y es tan espabilada que intuye lo que queremos? ¿Es que no entiende que los hijos buenos, sanos, guapos e inteligentes son de los papás y que los estúpidos, feos y enfermos, que no saben hablar, son de las mamás? Si prestara un poco más de atención, si escuchara las palabras del padre de Arash, lo comprendería… Pero siempre está distraída. Está abatida por nosotros y no se da cuenta de que el padre de Arash, cuando lo llama, siempre dice: ‘¡Ven, hijo mío!’ Va por todas partes diciendo orgulloso: ‘¡Éste es mi hijo!” Cuando lo mira, sonríe de alegría con los ojos. A nosotros, en cambio, prefiere no vernos. No le gusta mostrarnos a los demás, hasta el punto de que siempre dice: ‘Janum, ve a recoger a tu hijo’, que es un poco como decir: ‘Éste es hijo tuyo, no mío’ ¿Por qué mamá no lo entiende? Nosotros a él tampoco le hacemos caso. Con mamá nos basta”.

Datos para una biografía
Parinoush Saniee nació en 1949 en el seno de una familia erudita de Teherán. Socióloga y psicóloga de formación, es autora de “El libro de mi destino” (edición original, 2003, traducido al castellano en 2014) y “Una voz escondida” (edición original, 2006, traducida en 2016). La primera de ellas nació como resultado de un proyecto de investigación realizado en torno a la generación de mujeres que vivieron la Revolución durante su adolescencia. A pesar de haber superado las veinticuatro ediciones, la novela fue prohibida en Irán y publicada clandestinamente. Los derechos de traducción se han vendido a veinticinco países, y en 2010 obtuvo el prestigioso Premio Bocaccio a la mejor novela extranjera en Italia. Ha escrito otros dos libros, que aún no han sido traducidos. Parinoush Saniee vive en Teherán, donde se dedica a escribir, leer y pintar. Vivió en Estados Unidos, pero decidió regresar a su país. Es viuda y tiene dos hijos que residen fuera de Irán.

En Internet
Entrevistas realizadas en 2014:
Otros:

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