domingo, 1 de octubre de 2017

"La banda de los niños", de Roberto Saviano. La violencia sin fin

Diseño: Gerardo Morán
“La banda de los niños” (“La paranza dei bambini”), de Roberto Saviano.
Anagrama, Barcelona, 2017, 377 páginas.
Traducción de Juan Carlos Gentile Vitale.
En España: 21,90 euros. En Argentina: 475 pesos.

El italiano (napolitano) Roberto Saviano se volvió famoso cuando publicó, hace ya más de una década, su crónica “Gomorra”, una denuncia con pelos y señales sobre la actuación de la mafia, la Camorra, en Nápoles. Fue su triunfo pero también una desdicha, porque se trataba de una denuncia tan clara y contundente que los mafiosos no se lo perdonaron y lo condenaron a muerte. A tanto llega esa espada de Damocles que pende sobre su cabeza que al día de hoy sigue viviendo con fuerte custodia y cada paso que da antes es convenientemente sopesado y analizado por quienes lo protegen.
Ahora ha vuelto al libro, esta vez “atreviéndose” a la novela, con “La banda de los niños”, basada en hechos reales que transcurren hoy mismo en las calles napolitanas, en la que chicos casi imberbes luchan contra los mayores por territorios, droga, crímenes, porque quieren ser poderosos y temidos. No amados, temidos. Saben que se colocan al borde del abismo y quieren agotar la vida cuanto antes. Corren carreras contrarreloj, porque son conscientes –y con razón- de que sus vidas tristes y brutales serán efímeras. Y una y otra vez se lanzan al vacío.
Saviano, que pese a los riesgos visitó España para promocionar su nuevo trabajo, ha dicho que “lo peor que le puede pasar a quien lea libros y vea películas sobre la Camorra o el narcotráfico, es creer que se trata de un mundo de ficción”.
No es un territorio que ha dictado su imaginación. En todo caso, ella le ha servido para contar una historia ficticia, pero los “disparadores” están, podría decirse, a la vuelta de la esquina, como ocurriera con un chico que al cumplir los dieciocho años pidió a sus amigos celebrar su cumpleaños como si fuera su última fiesta porque, decía, no sabía cuánto más iba a vivir. Fue profético y patético: al año siguiente un rival terminó con su existencia disparándole un tiro,
Otro hecho que conmocionó a Nápoles ocurrió el año pasado, cuando se dictaron cuarenta y tres condenas a menores que asolaban las calles de la vieja ciudad. Y estaban generando grave preocupación a los capos de las mafias…
Saviano, en su historia, reduce el número de “bandidos”, no llegan a diez adolescentes los que siguen los pasos de Nicolás, su jefe, un chico feroz que empieza con fechorías menores hasta que va involucrándose en hechos más peligrosos, que tienen que ver primero con extorsiones, más tarde con venta de drogas, luego y por fin con las armas, los heridos y las muertes.
El autor “los sigue” durante cuatro años, es decir entre los catorce y los dieciocho años (aunque hay algunos más pequeños, que admiran a los mayores deslumbrándose por sus logros).
A poco andar, a Nicolás se lo llama Marajá y logra su objetivo, el de ser temido, como sugiere Maquiavelo, a quien ha leído en la escuela. Éste no resulta un dato menor: los integrantes de la banda de los niños no son marginales, chicos carenciados, como suele ocurrir en otras latitudes, incluyendo la Argentina. Por el contrario, Saviano los muestra como integrantes de familias de clase media, con padres  preocupados por su educación y sus vidas personales.
Pero ellos pertenecen a una generación carente de valores trascendentes, individualistas ávidos de poder, de la sensualidad del dinero. Como suele decirse, lo quieren todo ya, de manera inmediata. No les seduce el futuro, porque que se trata de una especie de entelequia que debe construirse con esfuerzo, paciencia, perseverancia. Y tales conceptos no los seducen. Por el contrario, los rechazan visceralmente.

Calle de Nápoles
El camino más fácil. La historia arranca cuando Nicolás, en plena plaza pública, defeca sobre otro muchacho que ha tenido la audacia de colocar un “me gusta” bajo la fotografía que aparece en el Facebook de la novia de quien poco más tarde será conocido como Marajá. Es un acto grotesco y repugnante, pero que indica hasta qué punto el que será jefe de la banda aún sin conformar, está dispuesto a hacer valer su autoridad.
Casi de inmediato unos pocos “elegidos” lo seguirán y casi ninguno discutirá su jefatura. Porque Nicolás es el más vivo y audaz de todos ellos, el que tiene mejor visión de conjunto, el que más se atreve. Los muchachitos que lo rodean lo admiran y comprenden que si siguen sus pasos y directivas se volverán ganadores. Y las jovencitas sienten atracción por ese chico que todos los días arriesga un poco más.
El camino que emprenda será fácil, pero también arduo, temerario. Comienzan con extorsiones, siguen con reclamos para que los poderosos de la ciudad (obviamente, mafiosos y por lo tanto peligrosos) los tomen en cuenta, de manera que cuando alguien es robado Nicolás y sus muchachitos descubren a los que lo hicieron, y más tarde asaltarán un camión de combustible que venderán a otros bandoleros. Tendrán su “madriguera”, mentirán a sus padres, “jugarán” la peligrosa ruleta rusa de la venta y el consumo de droga y llegarán a delaciones, crímenes y venganzas. Un camino fácil, sí, pero que puede terminar de la peor manera y en cualquier momento, como ocurre con algunos de ellos.
Por qué, le han preguntado a Saviano, los niños se imponen a los adultos, aunque sus vidas terminen siendo cortas. El autor interpreta que eso se debe a que hay muchos mafiosos muertos o presos y que al haber dejado el poder “suelto” ha quedado allí para quien ose tomarlo. Y agrega: “Quien lo ha tomado son estos jóvenes que, como todos los jóvenes, no conocen el miedo ni calibran las consecuencias de seguir ese camino”.
Los ha visto en juicio celebrar y reír al recibir condenas que a cualquier otro haría temblar: veinte años de cárcel. Quizás mueran allí o quizás sobrevivan. Y si salen serán temidos. Y esa será su principal conquista.
Saviano deja abierto el final de su novela. La historia continuará, nos dice. Y todos sospechamos que todo será para peor y adónde llevará su previsible y terrible desenlace.

“No funcionaba nada. Ocurría que los muchachos no conseguían ni siquiera acercarse a quien controlaba la plaza. Lollipop fue el que se la vio peor. Lo arrastraron a un bajo con la excusa de que allí discutirían mejor sobre la marihuana que la banda tenía para ofrecer y luego lo habían dejado sin sentido de un codazo en la nariz. Se había despertado dos horas después, atado a una silla, en una habitación sin ventanas. No sabía si era de noche o de día, si aún estaba en Forcella o en alguna ruina del campo. Trataba de gritar pero la voz rebotaba contra las paredes, y cuando intentaba calmarse para captar un sonido cualquiera que le ayudara a entender dónde había terminado, sólo le llegaba el rumor del agua que corría por las cañerías. Al día siguiente lo liberaron y descubrió que había pasado toda una noche en el bajo donde había entrado.
-Quítate del medio, chaval, y díselo a tus compiches.
Los hombres que controlaban las plazas se les habían reído en la cara a Nicolás y los suyos. De la hierba y de la heroína de su banda no querían ni oír hablar. ¿Qué eran esas novedades? ¿Y quiénes se creían que eran? ¿Dictar las propias reglas a hombres que habían nacido antes que los padres de esos capullitos?”.

Datos para una biografía:
Roberto Saviano (Nápoles, 1979) es el autor, entre otros, de 
Gomorra  (2006), que ha sido traducido en más de cincuenta países y ha vendido diez millones de ejemplares en Italia y en el mundo. En Italia colabora con La Repubblica y L’Espresso; en Estados Unidos, con el Washington Post y el New York Times; en España, con El País; en Alemania, con Die Zeit; en Suecia, con el Expressen y el Dagens Nyheter; en Inglaterra, con The Times. Por su actividad como escritor y por su compromiso cívico, le han sido concedidos el Premio Viareggio Opera Prima, el Premio Nazionale Enzo Biagi, el Geschwister-Scholl-Preis, el Premio Periodístico de Leipzig, el Premio Manuel Vázquez Montalbán y el European Book Prize. Desde 2006 vive con escolta, debido a las amenazas de los clanes a los que denunció. En 2008 diversos galardonados con el Nobel se solidarizaron con Saviano, y estuvo en la sede de la Academia Sueca para pronunciar un discurso sobre la libertad de expresión. Ha publicado además “Lo contrario de la muerte” (2007), “La belleza y el infierno” (2004-2009), “Vente conmigo” (2011), “CeroCeroCero” (2013) y “La banda de los niños” (2016).  “Gomorra” se transformó en serie de televisión y en 2011 se filmó “Tatanka”, basada en un texto suyo.

Entrevistas realizadas en España con motivo del lanzamiento de “La banda de los niños”.

Video: entrevista al autor, Noticias22.TV, 26/9/17, duración 8 minutos:

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