sábado, 16 de abril de 2016

"Madre Noche", de Kurt Vonnegut. Un mundo de solitarios

“Madre noche” (“Mother Night”), de Kurt Vonnegut.
La Bestia Equilátera, Buenos Aires, 2016, 234 páginas.
Traducción de Carlos Gardini.
En Argentina: 250 pesos.
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“Madre Noche” fue la tercera novela del norteamericano Kurt Vonnegut (1922-2007) y la primera en la que “recreó” en clave satírica sus experiencias de soldado prisionero de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Con el estilo que lo caracterizó y que hace de la humorada su basamento esencial, la novela ahora reeditada recupera el presunto diario de Howard W. Campbell Jr., exégeta de los nazis y prisionero de los israelíes, quienes están dispuestos a terminar con su vida del mismo modo como procederían con Adolf Eichmann, prisionero como el propio Campbell en Jerusalén.

Lo curioso del caso –y el lector se entera de inmediato de esto- es que el protagonista de la novela ha sido también, aparte de un notable propagandista de la ideología nazi (tenía un programa radial que escuchaba toda Alemania), un eficaz espía de los aliados. Aunque esto casi nadie lo sabe y él no se esfuerza demasiado por demostrarlo.

Con ese estilo personal de frases breves, bromas, contradicciones, que ha generado lectores adictos en el mundo y a lo largo de generaciones (y también críticos acervos, que no comparten sus puntos de vista literarios), el gran heredero de Mark Twain (bigotes enormes incluidos) reconstruye, y no de manera cronológica, la vida del espía, hijo de padres estadounidenses (él mismo ha nacido en USA), pero que desde chico se crió en Alemania, donde fue un popular autor dramático y en la que encontró a Helga, una actriz famosa que se transformó en el amor de su vida y dio lugar a la escritura de “Memorias de un Casanova monógamo”, que no es otra cosa que la muestra pública de su amor y fidelidad por Helga, de la que sólo la guerra logró separarlo.

El protagonista de la novela reeditada en la Argentina –con excelente traducción de Carlos Gardini- es otro de los llevados-y-traídos personajes de las historias que supo narrar Vonnegut. Como a tantos otros de su galería, le ocurre de todo, especialmente le pasa que lo traicionan y mienten de continuo y lo cierto es que no termina de comprender. La vida, nos dice también el narrador, es aciaga, azarosa y es muy difícil confiar en el ser humano. Al tiempo que también nos dice que pese a todo hay que mantener viva la esperanza. Como la mantiene Campbell hasta su, probable pero no seguro, final.

Las historias de Vonnegut son premeditadamente absurdas y no es el caso explicitar acá todos los “misterios” de “Madre Noche”. Sus personajes no son exactamente criaturas extraídas de la vida real, sino apariencias, juegos, boutades que le sirven para exponer, como siempre le interesó, las contradicciones de la condición humana, lo efímero de cuanto se considera importante y, entre tantas cosas, la inutilidad absoluta de la guerra.

“Matadero 5” fue la novela en la que fue más explícito a ese respecto, y resultó el texto donde más habló de la experiencia que le tocó vivir en Dresde o Dresden, en Alemania, donde se hallaba prisionero. Esa ciudad, en la que no había ningún objetivo militar o industrial, sin embargo fue intensamente bombardeada en los estertores de la Segunda Guerra Mundial por las fuerzas áreas británicas y de los Estados Unidos, que durante dos días dejaron caer cuatro mil toneladas de bombas sobre una aterrada población civil y causando unos 35 mil muertos, aunque el número definitivo nunca se conocerá (foto). Él fue un impensado sobreviviente de ese “matadero” feroz, experiencia que lo marcó para siempre.

De cierto modo, los “ecos” de esa experiencia se perciben en “Madre Noche”, con un personaje como Campbell que, a la vejez, está arrepentido de lo que ha hecho, pero también de lo que ha dejado de hacer, que es una y otra vez usado y engañado y que se odia tanto a sí mismo que reclama ser ejecutado para sentirse libre.

“Somos una sociedad de solitarios”, ha dicho el venerable y venerado autor. Y así ocurre con la galería de personajes que fue creando en su obra, centralmente integrada por novelas, pero también por relatos y un sinfín de artículos de opinión. Solitarios como el extraterrestre de “Sirenas de Titán”, su primera novela, o como lo fueron Billy Pilgrim (de "Matadero 5"), Kilgore Trout (su alter ego por excelencia) y Dwayne Hoover (los personajes centrales de su celebrada “Desayuno de campeones”). Y como lo es Campbell, un hombre que quiere ser libre en medio de la Madre Noche, esa que -según Goethe en "Fausto" (retrato)- no permite (¿ni permitirá?) la presencia definitiva de la luz.
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