lunes, 8 de diciembre de 2014

"Para Isabel. Un mandala", de Antonio Tabucchi. Una gran voz, recuperada


“Para isabel. Un mandala” (“Per Isabel. Un mandala”), de Antonio Tabucchi. Anagrama, Barcelona-Buenos Aires, 2014, 156 páginas. Traducción de Carlos Gumpert. En España: 14,90 euros. En Argentina: 145 pesos.
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El diccionario define que mandala o mándala en el hinduismo y en el budismo es un dibujo complejo, generalmente circular (de nueve círculos concéntricos), que representa las fuerzas que regulan el universo y que sirve como apoyo de la meditación.

Del siempre recordado Antonio Tabucchi se ha rescatado en forma póstuma “Para Isabel, un mandala”, libro que resulta ser en términos literarios un dibujo complejo y circular. Esto le ha servido al gran autor para volver sobre sus obsesiones y fantasmas, en este caso buscando la figura huidiza de Isabel, personaje que “ha visitado” varias de sus creaciones.

El libro fue rescatado el año pasado en Italia y ahora termina de aparecer en castellano, traducido por Carlos Gumpert, lo que es decir una garantía pues es quien ha vertido a nuestro idioma la mayor parte de la obra del escritor italiano. “Para Isabel” es libro póstumo, aunque no algo que quedó sin concluir. Al parecer, Tabucchi tenía la intención de revisarlo, pero murió antes de poder hacerlo.

Pese al “pese”, estamos ante un Tabucchi genuino y el lector que conoce su obra no tiene que compararlo con los textos conocidos a partir de “Sostiene Pereira” sino con otros, anteriores y diferentes, tales como “Nocturno hindú” o “Requiem”, tanto por “atmósferas” e intenciones como por los personajes que en él aparecen.

Una sombra elusiva

Isabel ha sido una sombra elusiva en esos libros, y en algunos relatos de “El ángel negro” (libro de 1991, que por tono y estilo hay que vincularlo con “Nocturno hindú” (1984) y, de manera especial, con “Réquiem”, también de 1991). En todos esos textos el personaje recibe noticias y quiere recuperar a Tadeus Slowacki, un amigo que ha muerto en circunstancias nunca esclarecidas.

En la tan ponderada primera parte de su obra, Tabucchi solía narrar historias que se presentaban entrecortadas, como si fueran sueños, o como si no pudiera establecerse una clara división entre lo onírico y lo real. En “Para Isabel”, que fuera escrita a lo largo de 1996 y luego varias veces retomada, vuelve a ese estilo, en este caso buscando la figura huidiza de la mujer de ese nombre, de quien se dice que se suicidó para escapar del gobierno de Salazar, el dictador que agobió a Portugal entre 1933 y 1968 (el régimen dictatorial se extendió hasta 1974).

El lector no termina de saber quién en realidad busca a Isabel, tampoco cuanto de “verdad” hay sobre ella, porque el relato es ambiguo, aunque la “presencia” del fantasma Tadeus es una constante. El que busca y quiere saber qué ha ocurrido con la mujer, se mueve por distintos escenarios que se inician en Lisboa, en la que el narrador asiste a una misa en la que se evoca a Isabel, y termina, en el noveno capítulo, en algún lugar de Italia (en el que el mandala se cierra, o cobra un cierto sentido).

¿Qué ha pasado con la mujer, quién es –en definitiva- Isabel? Tabucchi nunca lo aclara, aunque capítulo a capítulo va deshojando parte de lo que se ha escondido. Isabel, vinculada a sectores opositores a Salazar, al parecer ha simulado un suicidio para escapar de las garras dictatoriales y recibido ayuda de diversas personas para poder escapar.

El objeto del deseo

Capítulo a capítulo, los círculos van estrechándose, acercan cada vez más al “buscador” al objeto de su deseo (porque se trata, aparte de saber qué ocurrió con la mujer, intentar dar con ella, “llegar”de una manera tan íntima como definitiva).

Lo imposible parece ser el sustrato de “Para Isabel”. Lo cierto, lo sólido, la respuesta, se ubican en forma permanente en un “más allá” del texto. Como le ocurría al narrador en los libros antes apuntados.

La cuidada prosa, a veces bellísima, tantas veces marcada por la nostalgia, se reitera en “Para Isabel” donde el narrador va pasando de un personaje a otro (Mónica, antigua amiga de Isabel; Bi, la anciana que la crió; un carcelero; un sacerdote; un poeta próximo a morir; el personaje Xavier, de importante gravitación en “Nocturno hindú”) tratando de llegar a ese centro vital que tanto se demora en hacerse presente. Y al que de cierto modo arriba al final del relato, aunque el “quizás” de la historia, omnipresente, persista.

En determinados textos, Tabucchi ha logrado “continuar” la voz de su tan admirado Fernando Pessoa, a quien ha homenajeado en diversos textos y ha “buscado” en otros (especialmente en “Réquiem”). Y la palabra desasosiego, tan ligada al poeta portugués, resulta apropiada para su propia obra y para la novela rescatada. “Obsesiones privadas, pesarosas añoranzas personales que que el tiempo corroe pero no transforma, (…) fantasías incongruentes e inadecuación a lo real son los principales motores de este libro”, advierte Tabucchi en el prólogo. Es su mundo, quiere decirnos, al que ha vuelto. Y al que nos invita a recorrer otra vez, brindando así a sus lectores un inesperado y bienvenido regalo.
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Fotografías laterales: fotogramas de “Réquiem” (Alain Tanner, 1998) y de “Sostiene Pereira” (Roberto Faenza, 1995), basadas en novelas de Antonio Tabucchi.

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 “Estoy trabajando con polvillos de colores, contesté, un círculo amarillo, un círculo azul, como en una práctica tibetana, y mientras tanto el círculo se va estrechando hacia el centro, y yo intento llegar al centro. ¿Con qué objeto?, preguntó él. Yo también encendí un cigarrillo. Es muy sencillo, para llegar al conocimiento”.
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Perfil


Antonio Tabucchi nació en Pisa, Italia, en 1943 y falleció en Lisboa en marzo de 2012. Conocido sobre todo por sus trabajos sobre el escritor portugués Fernando Pessoa, enseñó Lengua y Literatura Portuguesa en la Universidad italiana de Siena. En sus últimos años residió la mayor parte en la capital de Portugal. Como novelista, alcanzó el éxito con “Sostiene Pereira” (1994), que fue adaptada al cine, al igual que otra de sus obras, “Réquiem” (1992). ”Sostiene Pereira” obtuvo los premios Campiello, Scanno y Jean Monnet. Por “Nocturno hindú” (1984) recibió en Francia el Médicis para novelas extranjeras y en España el de periodismo Francisco Cerecedo. Escritor comprometido, consiguió con su novela “La cabeza perdida de Damasceno Monteiro” (1997) la revisión del caso que aparecía en la obra, resolviendo el asesinato de un ciudadano portugués. Tabucchi también ha tocado el género epistolar, como lo demostró en “Se está haciendo cada vez más tarde” (2001). Colaboró con diversos medios, entre ellos El País y Corriere de la Sera. Obtuvo un doctorado honoris causa de la Universidad de Lieja. Otros títulos: “Piazza d’Italia” (1955); “El juego del revés” (1981); “Dama de Porto Pim” (1983); “Pequeños equívocos sin importancia” (1985); “La línea del horizonte” (1986); “Las tentaciones de Jerónimo Bosco”, “Los volátiles del Beato Angélico” (ambos de 1987); “Un baúl lleno de gente” (1990); “El ángel negro” (1991); “Sueño de sueños” (1992); “Los tres últimos días de Fernando Pessoa” (1994); “La gastritis de Platón” (1998); “Autobiografías ajenas. Poéticas a posteriori” (2003); “Tristano muere” (2004), “La oca al paso” (2006), “El tiempo envejece de prisa” (2009) y “Viajes y otros viajes” (2010). Mantuvo fuertes enfrentamientos con el gobierno de Silvio Berlusconi y sus posiciones políticas quedaron patentizadas en múltiples artículos periodísticos. Se lo consideró uno de los grandes narradores italianos del siglo XX y comienzos del presente.
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Video: Entrevista, en castellano, a Antonio Tabucchi. Video de Abraham Prudencio (27/3/2012)


  

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