viernes, 6 de julio de 2018

Ejecutan en la horca al gurú japonés que ordenó matar con gas sarín

Asahara, ciego desde su infancia, durante el juicio,

La noticia, de por sí terrible, deriva de un hecho más terrible aún: los asesinatos de decenas de japoneses por parte de la secta Verdad Suprema registrados entre 1994 y 1995, siendo el más famoso (tristemente famoso) el exterminio en masa de pasajeros del metro de Tokio, quienes fueron afectados por el gas sarín.

Como consecuencia del hecho murieron trece personas en tanto que cientos resultaron afectadas por el gas letal, muchas de las cuales acusan secuelas de por vida. Asahara fue ejecutado ayer junto a seis de sus seguidores. Todos habían recibido la sentencia de morir en la horca en 2004, pero distintas circunstancias del complejo proceso judicial demoraron trece años la aplicación de la pena capital.

Asahara era un gurú delirante y mesiánico que prometía a sus seguidores, que debían cumplir estrictamente todas sus órdenes y que lo consideraban como una especie de dios viviente, sacarlos del consumismo y la vida superficial llevándolos a una existencia más espiritual. Como interpretaba que el fin del mundo, obviamente apocalíptico, estaba próximo, elaboró una teoría según la cual deberían producirse matanzas para acelerar estos hechos terminales.

Fue así que en 1994 algunos de sus seguidores distribuyeron el fatídico gas en un estacionamiento de la ciudad de Matsumoto (ubicada a unos doscientos kilómetros de Tokio). Como producto de ese atentado murieron ocho personas mientras que centenares fueron afectadas por el fluido venenoso.

Los resultados de la horrible experiencia animaron a Asahara a ordenar un nuevo ataque, que esta vez se perpetró en cinco líneas del atiborrado metro de Tokio, el 21 de marzo de 1995, con los resultados apuntados. El gas era preparado por miembros de la secta y fue transportado en bolsas que, ya que en los vagones del metro, perforaron con paraguas, tras lo cual los responsables de la matanza huyeron mientras el gas se expandía sin que nadie terminara de percibirlo. Demoró un cierto tiempo a las autoridades comprender de qué se trataba y no fueron pocos los sanitaristas que también quedaron afectados por el gas.



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