martes, 6 de febrero de 2018

Postales: Adiós al gran Nicanor Parra. Impresiones del viajero Eduardo Berti en un país llamado China. Vargas Llosa, Murakami y muchos más. Premios en España

La cueca larga llegó a su final

“Nicanor Parra escribe como si al día siguiente fuera a ser electrocutado”, expresó alguna vez Roberto Bolaño definiendo a su connacional como lo que fue siempre: un vanguardista de excepción, un verdadero fuera de serie. Y aunque el poeta pareció resistirse a lo inexorable, sabido es que todo llega a su fin y eso le ocurrió el pasado 23 de enero, aunque dejando tras de sí una amplia obra iconoclasta que elaboró a lo largo de su muy prolongada vida que se apagó a los 103 años de edad.
Fue en la década de 1950 cuando Parra, integrante de una familia de cantantes y poetas (imposible no mencionar a su hermana Violeta) irrumpió en el conservador panorama chileno con sus corrosivos antipoemas que surgieron a contrapelo de lo que habían impuesto hasta ese momento, como hitos fundamentales en Chile, Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Vicente Huidobro. Pero esa poesía iconoclasta que lo conduciría muchos años más tarde al Premio Cervantes (acordado en 2011) no fue recibida con exceso de entusiasmo, al punto de que Pablo de Rokha llegó a afirmar que los antipoemas inspiraban “lástima y asco”.
En su momento, a Parra lo acusaron tanto de derechista como de comunista. Él, al tiempo que dictaba clases de matemáticas, se ponía al margen de las discusiones, aunque se encargaba de enfrentarse con lo instituido: “Durante medio siglo / La poesía fue / El paraíso del tonto solemne. / Hasta que vine yo / Y me instalé en mi montaña rusa. // Suban, si les parece. / Claro que yo no respondo si bajan / Echando sangre por boca y narices”.
La ironía, cuando no el sarcasmo, fue su fuerte. “Mi poesía -aclaró alguna vez como poniendo en guardia a sus lectores- puede perfectamente no conducir a ninguna parte”. En otro orden, se ha dicho con bastante justeza que las influencias literarias de Parra no hay que buscarlas en la poesía, sino en autores inefables tales como Macedonio Fernández.
Luego de los antipoemas Parra “inventó” los artefactos, una sumatoria de dibujos y de “versos” que buscan siempre el impacto, no tanto la risa sino la reflexión. Algunos ejemplos: “Cuando nací morí. Menos más que después resucité”. “Hasta cuándo siguen fregando la cachimba. Yo no soy derechista ni izquierdista, yo simplemente rompo con todo”. “Acto gratuito. Ordeñar una vaca y tirarle la leche por la cabeza”. “De boca cerrada no salen moscas”. “El poeta es un simple locutor. Él no responde por las malas noticias”. “Mendigo alegre no inspira piedad”. “Para no ir demasiado lejos, tomemos el caso de Adán y Eva”. Cada una de esas sentencias van acompañadas con la correspondiente ilustración y buscan provocar, hacer pensar, obligan al lector a sacar sus propias conclusiones.
Oportunamente, alguien advirtió que el tono del autor de la “Obra gruesa” no es apocalíptico sino urticante. Y José María Ibáñez-Langlois, en el prólogo a los “Antipoemas” (Seix Barral. 1972), ya advertía que no debía caerse en la “mitología” de considerar a los antipoemas al margen de la misma poesía: “El antipoema no es, por supuesto, otra cosa que un poema”.
Poemas subjetivos, cómicos a veces, dolorosísimos otros. Harold Bloom se detiene en “La tabla” (“Soñé que me encontraba en un desierto y que hastiado de mí mismo / Comenzaba a golpear a una mujer”) y sobre ese poema confiesa que lo perturba por las oscuras revelaciones que hace Parra sobre él mismo. “No conozco otra conformación más original con las Tablas de la Ley”, ha expresado.
Al publicar en 1977 los “Sermones del Cristo de Elqui” se verificó un nuevo cambio en su derrotero poético: “Y ahora con ustedes / Nuestro Señor Jesucristo en persona / que después de 1977 años de religioso silencio / ha accedido gentilmente / a concurrir a nuestro programa gigante de Semana Santa”.
Conviene evitar confundirse: Parra no busca ofender, sino en primera instancia despertar y de inmediato conmover. Y el resto, como corresponde, es sencillamente el disfrute, de la comicidad, sí, pero también de la inteligencia, del desparpajo.
Como señalé, esse fuego llamado Nicanor Parra Sandoval se apagó el pasado 23 de enero, para la pena de todos. Aunque, claro y por suerte, lo sobrevive su obra.


Video: “Así fueron los 103 años de Nicanor Parra”, informe del canal 24horas de Chile, del 23.1.18, subido a Youtube. Duración: 13,08 minutos:




Berti escribe en chino

El escritor argentino, residente en Francia, Eduardo Berti, realizó tres viajes a Chinai. Los dos primeros con su esposa y el tercero con mujer e hijo. Las impresiones propias del viaje inaugural, las segundas, que fueron distintas porque su mujer ya conocía el idioma chino y las terceras, que le permiten reflexionar, como viajero ya experimentado, sobre lo que vio, vivió, qpreció, en el inmenso país en sus primeras incursiones (2004, 2008). La última, la reflexiva, tuvo lugar en 2012. Todas ellas están reflejadas en "La máquina", libro infrecuente.
La máquina aludida se vuelve símbolo de esa extrañeza, del mundo-otro que Berti busca -en vano- desentrañar. Lo que cuenta en su libro son sus experiencias ante aquello que se le presenta, vasto, desconocido y muy ajeno a los usos y costumbres de su vida cotidiana.
Berti, un sutil autor de una decena de volúmenes de ficción, entre ellos “La mujer de Wakefield”, “Todos los Funes” y “Un padre extranjero”, escribe sobre sensaciones, hechos, situaciones que le llaman la atención, mientras se obsesiona por esa máquina vieja y enorme que vio alguna vez y que se empeña en obtener para llevarla como recuerdo y trofeo cuando regrese a casa.
“Viajamos -dice Berti- entre diversas razones, para mantener viva la sorpresa, para no olvidar la abundancia del mundo y la variedad del hombre; para vivir esa clase de experiencias que también solemos buscar en los libros, en la ficción”.  El libro habla de vivencias y, en simultáneo, de lo que siente un escritor ante lo desconocido, ante lo inefable. De ahí que no resulte demasiado forzado que además de los hechos y situaciones registrados por él mismo incorpore textos un tanto imaginativos: “A veces hay todo un episodio que he inventado, a partir de cosas que me contaron o que llegué a vislumbrar o a imaginar en base a hechos reales”.
Imaginación, humor, un mundo que a cada rato lo sorprende, para bien o para mal. Sobre ello cuenta Berti con pasión y con su habilidad acostumbrada. Un viaje a China que sorprende y que vale la pena conocer.
(“La máquina de escribir caracteres chinos”, Tusquets, Buenos Aires, 2017, 171 páginas. En Argentina: 289 pesos) 
Libros, libros, libros

El amplio listado previsto para 2018 habla del regreso del siempre fértil Mario Vargas Llosa quien presenta “La llamada de la tribu” (Alfaguara), ensayo en el que analiza la historia de las ideas liberales, que defiende.
Otro que retorna es el japonés Haruki Murakami, de quien Tusquets publicará en septiembre “Matar al comendador”, novela muy extensa dividida en dos partes: “Ideas emergentes” y “Metáfora móvil”, historias entrecruzadas que giran en torno a un cuadro que lleva como título el de la novela, de enorme éxito en la nación nipona.
Con prólogo de Ana María Shua Planeta reeditará los “Cuentos completos” del siempre vigente Isidoro Blaisten, en tanto que Juan José Becerra prologa los cuentos de otro entrañable autor argentino: Haroldo Conti. A su vez los relatos de Hebe Uhart escritos a partir de la década de 1960 serán publicados por Adriana Hidalgo Editora.
"Seis historias grises" será el nuevo libro del argentino, residente en Corrientes, José Gabriel Ceballos que publicará Moglia Ediciones en su colección Ojo Lector.
Reeditado por Random House, aparecerá en breve en nuestro país “Pájaros en la boca y otros cuentos”de Samanta Schweblin, libro que ya se publicó en España, en tanto que Fiordo hará lo propio con “Enero”, la primera novela de Sara Gallardo. 
Por último: “Trimalción”, un largo monólogo, fue el germen de la novela capital de Francis Scott Fitzgerald, “El Gran Gatsby”. El texto será publicada en la colección Rara Avis de Tusquets. A su vez Anagrama publica en España "Moriría por ti y otros cuentos perdidos", el libro de Scott Fitzgerald aparecido el año último en los Estados Unidos, en el que se compilaron los trabajos del autor rechazados por las revistas en las que colaboraba, por tratar temas considerados ríspidos para los lectores de la época. Este libro será distribuido en Argentina en el mes de mayo.

Los premios

El Alfaguara, concedido al mexicano Jorge Volpi por “Una novela policial”, en la que reconstruye un sonado episodio tribunalicio, cuando en 2005 la pareja integrada por la francesa Florence Cassez y el mexicano Israel Vallarta, fue acusada de secuestros y otros delitos. Por presión del entonces presidente Nicolás Sarkozy, Florence salió en libertad en 2013, luego de estar seis años en prisión (había sido condenada a sesenta años) pero Israel sigue aún hoy detenido. La novela-testimonio de Volpi sigue el caso, que en su tiempo conmovió tanto a México como a Francia.

El Biblioteca Breve, de Seix Barral, en su edición 60ª, se adjudicó ayer al español Agustín Fernández Mallo por “Trilogía de la guerra” El fallo del jurado señala que se trata de “una propuesta narrativa que transforma la realidad del último siglo en una ficción repleta de imágenes insólitas, en las que se combinan poesía y ciencia, historia y política” y que “a través de una construcción apasionante por su voluntad de juego, la novela traza un mapa tragicómico de nuestro mundo contemporáneo”.


Video: “Entrevista a Jorge Volpi. Caso de la francesa Florence Cassez e Israel Vallarta”, reportaje de Milenio Digital, México, subido a Youtube el 1.2.18. Duración: 6,59 minutos:



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