domingo, 5 de junio de 2016

"El dragón de Shanghái". Corrupción, crímenes e hipocresías en la China actual

“El dragón de Shanghái” (“Shangai Redemption”), de Qiu Xiaolong.
Tusquets Editores, Barcelona-Buenos Aires, 2016, 335 páginas.
Traducción de Victoria Ordóñez Diví.
En España: 19 euros. En Argentina: 389 pesos.

El inspector jefe Chen Cao es un policía que trata de mantener un constante y delicado equilibrio entre su pertenencia a las fuerzas de seguridad de Shanghái, en China, y su moral, que suele coludir con el todopoderoso Partido Comunista de esa nación-continente. Quien cuenta sus historias es el narrador chino, radicado en los Estados Unidos, Qiu Xiaolong, nacido en la que ahora hay que llamar Shanghái (antes era Shangai en nuestro idioma), una de las ciudades más grandes y complejas del enorme país.
En el comienzo de la nueva historia (“El dragón de Shanghái” apareció en inglés  en los últimos meses del año pasado), Chen es presentado como el ex inspector jefe, designado ahora, aunque no asumido, como director de un comité para la reforma del sistema legal de su ciudad, una manera de, al tiempo de ascenderlo, quitarlo de un lugar crucial, en el que y desde el cual ha solido generar problemas a sus propias autoridades.
Chen es el primer sorprendido por el cambio que le fue comunicado por su superior Li, jefe del Partido en Shanghái, un acomodaticio funcionario que sabe nadar en aguas siempre encrespadas y cambiantes y cuya norma de vida es decir lo menos y callar lo más.
Mientras Chen viaja al interior de China para rendir homenaje a su padre muerto (vejado durante la Revolución Cultural de Mao de los ’70, que ha dejado profundas huellas en quienes la padecieron), se pregunta por la causa de su designación,  porque es consciente de que las tareas que debe asumir resultarán tan burocráticas como inútiles y todo indica que se la ha querido sacar del medio para que no investigara alguna cuestión turbia. Pero ignora cuál y por qué.
Por casualidad, en su viaje conoce a Qian, una bella y joven mujer cantante de ópera china, quien confundiéndolo con un detective privado le propone que le consigna información sobre una segunda mujer, ligada a un hombre poderoso de Shanghái, donde los funcionarios corruptos se confunden con los millonarios que “produce” reiteradamente la China actual, a quienes el autor Qiu Xiaolong llama “Bolsillos Llenos”, porque es la forma despectiva como se los conoce en su país natal.

Eludiendo trampas. Chen, sin comprometerse totalmente con Qian, regresa a Shanghái (foto), donde será presentado un libro que tradujo (porque es también poeta). La presentación se realiza con banquete celebrado en un lugar de esparcimiento reservado para los poderosos que es también un lujoso lupanar. Allí le será tendida una trampa de la que podrá escapar casi por milagro.
El ex inspector jefe se siente tan sorprendido como desolado. No tiene apoyos y se mueve en una oscuridad absoluta. Debe pues acudir a quien lo sucedió en el cargo que ocupaba, el subinspector Yu Guanming, a la esposa de éste, Peiquin, propietaria de un restaurante, y por sobre todo al padre de Yu, a quien llaman el Viejo Cazador, devenido en detective ocasional. También lo ayudará Nube Blanca, uno de los tantos amores no correspondidos de Chen.
Para quienes conocen las historias anteriores de Chen Cao, los citados son personajes que han aparecido en varias de ellas y en todos los casos lo han ayudado a resolver esos misterios de Shanghái que suelen estar vinculados a los también misteriosos sinos de la política y la sempiterna lucha por el poder.
Aunque el lector de esta reseña puede interpretar que he contado más lo aconsejable, lo cierto es que la trama resulta muchísimo más enrevesada y que Qiu se esmera en ello buscando así expresar la confusión que padece Chen, quien no termina de comprender por qué se ha vuelto un blanco móvil, a quién está molestando para que con tanta obsesión se lo observe y hasta persiga. A veces parece una historia de fantasmas, porque nadie da la cara pero a cada instante alguien de su entorno termina sufriendo algún tipo de problemas.

Aquello que subyace. Los que nos dice el autor, como ocurriera en sus novelas anteriores, es que la hipocresía, la constante lucha por el poder, el silencio cómplice, el afán de lucro, cuando no el propio crimen, resultan los sustratos surgidos de la China gestada después de la muerte de Mao por Den Xiaoping, el líder que llevó a su país a volverlo potencia mediante la economía de mercado, la industrialización, el trabajo a destajo, la agudización de la división de clases y una corrupción generalizada que hoy mismo es motivo de grandes debates, “purgas” y complicaciones de  todo orden.
En medio de ese caos, de los cambios permanentes, de los flujos y reflujos de intestinas luchas por el poder que nunca cesan, se levanta la figura de Chen, un hombre íntegro que logra permanecer de pie a pesar de  todas las trapisondas que debe enfrentar para no entregar sus principios.
Qiu Xiaolong, radicado en los Estados Unidos desde 1988, viaja a China de manera frecuente y sus libros, pese a las críticas que conllevan, circulan en su país de origen, aunque no pocas veces recibe cuestionamientos o son censurados parcialmente títulos o textos. Por ejemplo, Shanghái no suele ser nombrada explícitamente en las versiones chinas.
Esta vez, para contar la nueva historia que, con las dificultades apuntadas, Chen Cao logrará esclarecer, se ha basado –con cambio de nombres y situaciones- en el episodio de Bo Xilai (foto, cuando fue detenido), un ex alcalde de Chongqing y ex ministro, un hombre que –se decía- iba a transformarse en el nuevo líder de China, pero que cayó en desgracia luego de que su esposa se viera involucrada en el crimen de un comerciante inglés. Degradado, acusado de diversos delitos, hoy cumple prisión perpetua desde 2013. También su esposa, Gu Kalai está en prisión cumpliendo el mismo tipo de pena, luego de que se le conmutara la pena de muerte.
Eso sí, más allá de lo interesante de la trama, el lector no podrá obviar los poemas que Qui pone en boca de Chen, así como las múltiples recetas de comidas típicas que a toda costa desea que sus lectores conozcan, aunque no siempre resulten apetitosas para el paladar occidental.

“La brigada de delitos sexuales, una brigada relativamente nueva del departamento, obedecía órdenes directas del gobierno municipal. Era aún más ‘especial’, por así decirlo, que la brigada de casos especiales de Chen. Las peluquerías, los clubes nocturnos, las salas de karakoe y otros lugares semejantes solían estar gestionados por personas con contactos. Decidir qué establecimiento investigar solía ser uno de los asuntos más complicados de la política policial. No era ningún secreto que la brigada obedecía órdenes específicas dictadas desde arriba. Algunas de las redadas formaban parte de una campaña política, pero los objetivos a menudo recibían un aviso con antelación”.

Datos para una biografía
Qiu Xiaolong nació en 1953 en Shanghái, ciudad que dejó para trasladarse a Estados Unidos en 1988. En la actualidad vive en St. Louis, Misuri, en cuya univer­sidad imparte clases. Poeta y traductor al inglés de poesía china, es sobre todo conocido por la serie de nove­las policiacas protagonizadas por el inspector jefe Chen Cao, en las que traslada a los lectores a la realidad so­cial y cultural de la China moderna en una época de difícil transición. Esas novelas son: Muerte de una heroína roja (2000; premio Anthony Award 2001 a la Mejor Primera Novela), Visado para Shanghái (2002), Cuando el rojo es negro (2004), El caso de las dos ciudades (2006), Seda roja (2007), El caso Mao (2009), El crimen del lago (2012),  El enigma de China. (2013) y El dragón de Shanghái (2015).

Algunos enlaces:


El video que aquí incluyo es un tanto “antiguo”, puesto que fue subido a Youtube en diciembre de 2011. También es considerablemente extenso (dura algo más de tres horas), pero tiene a su favor que está traducido a nuestro idioma y “dividido” a partir de las diversas definiciones y/o respuestas que dio el autor cuando participó del ciclo «Diálogos sobre novela negra y policíaca asiática», Casa Asia y la Fundación Instituto Confucio de Barcelona organizaron ese encuentro.

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