lunes, 30 de mayo de 2016

Caleidoscopio. Entre bromas, ironías y sarcasmos: cuentos de Dorothy Parker, recuerdos de Raymond Chandler, el "Asesino" de Jonas Jonasson, premio por Mafalda, el absurdo de Antal Szerb

La causticidad de Parker. Dorothy Parker(1893-1967), fue una mujer vital e independiente en un Estados Unidos mucho menos permisivo que el actual. Sin embargo, logró que sus cuentos, desarrollados en ámbitos burgueses muy definidos, incisivos, cáusticos como pocos, se publicaran en las principales revistas “femeninas” de la época.
Oportunamente, se conoció en castellano (Lumen; DeBolsillo) su “narrativa completa”. Ahora la propia Lumen regresa con la edición de “Colgando de un hilo”, selección de cuentos con la inclusión de virtuosas ilustraciones del italiano Simone Massone, que logra aunar el pop con el estilo retro –propio de los ’30 y ’40 del siglo pasado. Cuentos que más allá de modas circunstanciales, mantienen su temperatura interna, su rigor, su punzante humor y, en muchos casos, una jocosa, pero también desesperanzada, realidad.
Porque Parker, una persona de ideas avanzadas, si bien en lo aparente contaba historias “livianas” sobre mujeres al borde de ataques de nervios por causa de los hombres, tantas veces deseados como ausentes, aplicaba un sutil escalpelo en las costumbres burguesas para burlarse de ellas. Sin llegar a espantar a sus lectores (sus lectoras) habituales.
Mujeres ligadas al teléfono esperando esa llamada que no llega nunca, parejas que no tienen la menor posibilidad de conciliar y a las que por consiguiente no les aguarda ningún futuro en común, mujeres que se mienten a sí mismas respecto de sus hombres (y más aún, cuando estos las abandonan), mujeres que con apariencia de hadas bondadosas no hacen más que intrigar y ahondar las heridas que sufren sus amigas presuntamente más queridas… De esa manera Dorothy Parker (foto) abordaba la condición femenina de su época, con un ingenio y una perspicacia  poco común.
Su vida, de gran inestabilidad emocional, ganada por el alcohol y sus posiciones de izquierda, le generaron problemas que fueron acrecentándose con el correr de los años hasta que, ya mayor, sólo le aceptaban publicar reseñas de libros que no siempre eran acertadas. Luchadora incansable por los derechos civiles, murió sola en un departamento de Nueva York. Donó todos sus bienes al movimiento de Martin Luther King y sus cenizas fueron depositadas, luego de veinte años de espera, en una tumba que adquirió ese mismo movimiento y cuya lápida dice “Excuse My Dust” (“Perdonen por el polvo”). Genio y figura….
(“Colgando de un hilo”, Lumen, Barcelona,2015-Buenos Aires, 2016, 187 páginas. Traducciones de Jordi Fibla, Celia Filipetto y Carmen Francí. En España: 22,90 euros. En Argentina: 249 pesos). ´

Sesenta años sin Raymond Chandler. El pasado jueves se cumplió el 60° aniversario del fallecimiento del eximio escritor norteamericano, muerto en La Jolla, California, a los 71 años, luego de haber sufrido fuertes depresiones que lo llevaron a intentar suicidarse dos veces. El alcoholismo que, como a Parker, también lo acompañó toda su vida adulta, se había acrecentado luego de la muerte de su mujer Cissy, 23 años mayor que él.
Pero ese patético final no disminuye la calidad y originalidad de su obra. “Padre” de la narrativa negra o policial, creador del inolvidable detective Philip Marlowe, de cuentos y de novelas excelentes, tales como “El sueño eterno” o “El largo adiós”, que hablan de su inteligencia para escribir historias complejas, en las que el crimen y el misterio eran el sustrato de su análisis ético del estado de las cosas y también, a través del insobornable detective, su sanción moral. “No es un mundo fragante, pero es el mundo en el que vivimos usted y yo”, nos recordó en una de sus notas más agudas. Sufrió mucho, porque el alcohol y la diferencia de edad con su esposa condicionaron su vida. El alcohol le hizo perder empleos y fue por haber quedado en la calle que terminó escribiendo textos policiales para revistas populares. Fue famoso con cierta tardanza, porque ya de grande comenzó a escribir.
Más reconocido en Europa que en los propios Estados Unidos, su formación inglesa (o a la inglesa) le generó múltiples problemas de relación (vg. cuando fue guionista de Hollywood y tropezó con la “vulgaridad” de un Billy Wilder). Como se dijo, sus últimos años fueron tristes y de nada sirvieron sus intentos de recuperar un tiempo irremediablemente perdido, un nivel de escritura que había extraviado, una forma de vida que se había extinguido. Quedan, claro está, sus ficciones, su gran correspondencia, sus magníficas citas. Y sus implacables ironías. Siempre será nuestro amigo.

Jonasson, algo más que simple humor. Per Ola Jonasson decidió un día dejar de lado la compañía de medios de comunicación que estaba a su cargo y lanzarse a una simbólica pileta (de agua templada; vive en Suecia) y transformándose en Jonas Jonasson se volvió el exitosísimo autor de la historia que cuenta qué pasó luego de que un viejo saltara por una ventana y, dejando todo atrás, se dedicara a vivir.
De esa forma, y de cierta manera, inventó la novela cómica sueca, con sus títulos extensos y sus historias pocos realistas: “El abuelo que saltó por la ventana y se largó -2009-; “La analfabeta que era un genio para los números” – 2013; y ahora “El matón que soñaba con un lugar en el Paraíso”. En la nota que en febrero pasado le hizo al autor el periodista Winston Manrique Sandoval, de El País de Madrid, acierta cuando afirma que ”en la exploración del drama enmascarado de humor está el germen” de su narrativa.
En efecto, nos dice Jonasson, hay demasiado frío en las almas de las personas, un exceso de individualismo, religiones que no terminan de dar respuestas y escasísimo humor para afrontar los problemas. Por ejemplo, está el caso de Per Persson, joven solitario, descendiente de ricos que se quedaron sin un centavo y que ha terminado como recepcionista en un hotel de mala muerte. O el de Johanna Kjellander, pastora expulsada de su parroquia después de haber celebrado la muerte de su padre, también pastor, que le volvió terrible su vida desde pequeña, y declarar ante su comunidad su profundo ateísmo. O el de Johan Andersson, a quien es mejor llamar “Asesino” Anders no sólo para presentarlo como se lo conoce en sociedad, sino porque en efecto, es un homicida si no serial al menos reiterado, que a la vejez ha vuelto a la libertad luego de purgar largos años en la cárcel, a la que no quiere volver.
No obstante, “Asesino” está dispuesto a prestar determinados “servicios” (romper piernas o brazos), siempre y cuando le paguen. A poco de conocerse entre sí y de conocerlo, Per y Johanna se vuelven amantes y –más importante aún- representantes del matón. Lo hacen por necesidad, son pobres de solemnidad, sin demasiados sentimientos de culpabilidad y, a qué engañarse, para estafar a Anders, ligado al alcohol y lento de entendederas.
Pero la inesperada, e inteligente, vuelta de tuerca que da Jonasson (foto) a su historia es que, a su manera, con mucha confusión y decisión al mismo tiempo, “Asesino” se interesa por la Biblia y por Jesús, y que de a poco comprende que vale más dar que recibir. Y obra en consecuencia, causando múltiples inconvenientes, especialmente entre los matones que lo han contratado y sus "representantes" que deben huir, sin continuidad ni respiro. De ahí en más se suceden las confusiones, las persecuciones y los disparates que el autor torna coherentes a base de un férreo control de su relato, liviano, surrealista, pero muy llevadero.
(“El matón que soñaba con un lugar en el Paraíso”; Salamandra, Barcelona, 346 páginas. Traducción de Carlos del Valle. En España: 19 euros. En Argentina: 295 pesos).

Premio internacional por Mafalda. La historiadora e investigadora argentina Isabella Cosse (foto) recibió ayer el Premio Iberoamericano de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), por su libro “Mafalda: historia social y política” (Fondo de Cultura Económica). Dicha distinción es otorgada desde 1991 en cada uno de los Congresos Internacionales anuales de LASA al mejor libro editado en español sobre Latinoamérica en el área de las Ciencias Sociales y Humanidades. 
Entre los investigadores que han obtenido el premio en el pasado se encuentran Néstor García Canclini, Edelberto Torres-Rivas, Tomás Moulián y Enrique Tandeter.
La distinción le fue entregada en el Congreso Internacional anual realizado en Nueva York  y en la edición del cincuenta aniversario de su fundación.

Otra broma más, esta vez húngara. Pero sin ánimo de transmitir mensajes o de hollar en la condición humana. Cuando la persecución a los judíos era una realidad constante y brutal en la Europa tomada por los nazis, uno de esos perseguidos, el húngaro Antal Szerb (1901-1945), decidió que su tercera novela iba y ser, y por suerte fue, una historia destinada a la risa, al absurdo. 
El relato comienza en el reino de Alturia, gobernado por el bondadoso Oliver VII, a quien se le tiende una trampa y se ve obligado a dejar su reino y huir, buscando refugio en Venecia, donde se encuentra con estafadores y truhanes y que, para poder sobrevivir, se hace pasar por… sí mismo, mientras el mundo busca sin hallar al “auténtico” rey.
Absurda, cómica del principio al fin, con una galería de personajes estrafalarios, “El Paraíso opuesto” no pierde nunca su aire de comedia y, aunque no tenga las mismas intenciones, cada tanto recuerda las absurdas historias de Witold Gombrowicz ambientadas en palacios y con nobles como protagonistas (“Ivonne, princesa de Borgoña”, “El banquete”).
Lo más válido de la historia es el enamoramiento de Oliver por una mujer casquivana y su escasa vocación de monarca. Y también se destaca la riqueza como artista plástico del pintor Sandoval, otro gran personaje de esta risueña historia. Nada risueña, en cambio, resultó la decisión de Antal Szerb (foto) de permanecer en su país pese a la acechanza nazi, tanto que terminó asesinado en un campo de concentración poco antes de concluir la Segunda Guerra Mundial.
(“El Paraíso opuesto”, de Antal Szerb; La Bestia Equilátera, Buenos Aires, 2016, 203 páginas. Traducción de Laura Wittner. En Argentina: 198 pesos).

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