martes, 3 de noviembre de 2015

La muerte de Antonio Dal Masetto

“A la fuerza” Antonio Dal Masetto debió aprender a hablar en castellano (en realidad, en “argentino”) cuando tenía doce años porque tiempo atrás su padre se había radicado en Salto, al norte de la provincia de Buenos Aires, procedente de Intra, población cercana a Milán. Dos años después logró reunir a su familia y “el Tano”, como se lo iba a llamar la mayor parte de su vida, se vio obligado a concurrir a la biblioteca del pueblo para dominar la nueva lengua.

Lo logró con esfuerzos. Y logró algo más: transformarse en un potente, cálido y por suerte pródigo escritor quien sorprendió ya con su primera obra, “Siete de oro”, escrita a los 25 años. Su realidad inmediata, las bondades y las miserias del amor, de la vida misma, y su siempre inconclusa relación con Italia caracterizaron a su obra, de extrema sensibilidad, destacándose entre tantos textos de valor “Oscuramente fuerte es la vida” y su doble continuación: “La tierra incomparable” y “Cita en el lago Maggiore”, en los que cuenta la vida de Agata, una italiana que, como él y su familia, se radica en la Argentina, y las de sus descendientes.

No era condescendiente con sus historias, intentaba (y lograba) contar con gran belleza y premeditada economía de recursos. Fue un tipo que la peleó, diríamos en este lado del mundo. A los 18 años se marchó de su casa para radicarse en Buenos Aires, donde sobrevivió a base de múltiples oficios. Cuando chico, en el campo italiano, mientras cuidaba las ovejas de sus padres entonces campesinos le auguraron un destino de pintor, que al final de cuentas no tuvo, pero ya era advertible esa extrema sensibilidad que lo llevaría a volverse un escritor de títulos que a veces llegaban a sorprender, tales como “Siempre es difícil volver a casa” o “Demasiado cerca desaparece”.

La historia de unos pobres tipos que van a un pueblo, intentan asaltar un banco y terminan de la peor manera está contada en “Siempre es difícil volver a casa” (llevada al cine). Allí “nació” el pueblo de Bosque, al que “regresó” en otras novelas, una que tiene como título el nombre del pueblo y la siguiente, “Sacrificios en días santos”. También la dictadura militar que asoló Argentina entre 1976 y 1983, le hizo escribir, con impronta kafkiana, “Hay unos tipos abajo” (que como “Siempre” tuvo versión cinematográfica).

En su escritorio tenía un cartel que rezaba: “Justificá el día”. Con sus textos en el que tanto habló de la inmigración y de esos seres que no terminaban de encontrarse en ninguna parte, lo justificó largamente. De él ha quedado una novela inédita, "Crónica de un caminante", que se conocerá el mes venidero y también habría otros textos, presumiblemente inconclusos, sobre los que deberán decidir sus herederos. Falleció ayer, en Buenos Aires, a los 77 años. Lo vamos a extrañar.



2 comentarios:

  1. Muy bello y excelente comentario sobre este gran escritor.. Sì se van a extrañar sus obras literarìas...

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    1. Gracias, Pablo, por el mensaje. Al menos, es bueno saber que están sus obras y también que una más nos espera el mes que viene. Abrazos, Carlos

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