miércoles, 19 de noviembre de 2014

"La entrega", de Dennis Lehane; "Galveston", de Nic Pizzolatto; "Mr. Mercedes", de Stephen King. Policiales norteamericanos





“La entrega” (“The Drop”), de Dennis Lehane. Salamandra, Barcelona-Buenos Aires, 2014, 190páginas.Traducción de Magdalena Palmer. En España: 15 euros. En Argentina: 170 pesos.

Dennis Lehane publicó en 2010 un cuento, “Animal Rescue”, que resultó la base del guión de “Drop”, o “La entrega”, película dirigida por Michael Roskam. El paso siguiente fue volver novela a esa historia que transcurre en Boston, como sucede en la mayoría de sus ficciones. 

Lehane es un gran narrador y el rostro amargo que suele mostrar de Boston penetra profundo en sus lectores, cuando no en los espectadores que difícilmente olviden sus propuestas (¿qué espectador puede decir que “Mystic River” lo dejó indiferente, ese relato coral que con tanta sabiduría dirigió Clint Eastwood?).

El Boston que muestra en “La entrega” no tiene nada de glamoroso. Por el contrario, desde el primer momento, cuando el personaje Bob rescata a un cachorro apaleado de un tarro de basura, hasta el final, en una novela cargada de tensión, el escenario se muestra miserable. Además de endiabladamente frío, inhóspito, brutal.

Bob es primo de Marv, antiguo propietario de un bar que lleva su nombre y que luego de un cierto auge ha perdido en manos de un grupo de mafiosos chechenos, banda de asesinos que ha tomado al negocio como sitio de entrega del dinero obtenido en la ciudad a través de múltiples actos criminales. Bob es el centro del relato. Es un hombre católico, asediado por la culpa, que reprime emociones y al que le cuesta enfrentar el día al día. Su soledad es extrema, por eso se refugia en el perro rescatado, así como en la relación que mantiene con una mujer extraña, Nadia, que presenta una profunda cicatriz en el cuello, sobre la que no da explicaciones.

Sin esperanzas

Pero, como se dijo, la novela de Lehane es sobre todo la tensión que destila y, en simultáneo, el clima opresivo, feroz, que presenta ese ambiente vencido, en el que no parece haber lugar para ninguna clase de esperanza. Aparte, el escritor norteamericano cada tanto brilla con sus expresiones propias de la alta literatura: “En ese momento terrible sintió que todo el tiempo transcurrido desde los albores del mundo abría la boca para tragárselo”. U otro tipo de descripciones, agudas y sensibles: “Los triunfadores pueden esconder su pasado, mientras que los fracasados se pasan el resto de la vida intentando no ahogarse con el suyo”.

A su modo, presumiblemente condenado al fracaso, Marv intenta dar la lucha contra los chechenos para recuperar lo que para él ha sido el esplendor personal perdido. Bob, a su vez, “aguanta”, tolera, trata de sobrevivir como mejor puede porque tiene conciencia de ser un perdedor nato. Aparte, debe soportar un calvario adicional porque un ex convicto le reclama la devolución del perro, además de exigirle que se aleje de Nadia.

Mientras intenta, sin demasiada suerte, que Marv no enfrente a los chechenos (cuya crueldad es extrema), Bob debe cuidarse también de un policía de origen puertorriqueño que, por un motivo concreto (ambos concurren a misa dominical, pero Bob nunca comulga), desconfía de él. Además, en el bar, hubo un atraco y los chechenos reclaman el reintegro del dinero que se han llevado.

Todo, nos dice Lehane, termina siendo pérdida, El desarrollo de esta cuidada novela es apropiado y, como tiene “secretos”, propios de un policial negro (y tan negro…), poco se puede añadir, salvo que se trata de un texto digno que, además y pese a cualquier cosa, deja una puerta abierta a un posible amanecer, leve luz al final del túnel.

Dennis Lehane nació en 1965 en Dorchester, un barrio particularmente conflictivo de Boston, Estados Unidos, en el seno de una familia de origen irlandés. Debutó en 1994 cuando comenzó con una serie de novelas con los detectives privados Patrick Kenzie y Angela Gennaro, integrada por “Un trago antes de la guerra” (1994) “Abrázame, oscuridad” (1996), “Lo que es sagrado” (1997), “Desapareció una noche” (1998), “Plegarias en la noche” (1999) y “La última causa perdida” (2010). Otras novelas del autor, conocidas en castellano, son “Mystic River” o “Río místico” (2001), “Sutter Island” (2003), “Coronado” (2006), “Cualquier otro día” (2008), “Vivir de noche” (2012) y “La entrega” (2014). .Como guionista, se destacan sus trabajos en las películas “Río místico”, dirigida por Clint Eastwood, “Sutter Island”, dirigida por Martin Scorsese; “Desapareció una noche” o “Adiós, pequeña, adiós”, dirigida por Ben Affleck y “La entrega”, dirigida por Michael Roskam. Como director, Affleck proyecta llevar a la pantalla “Vivir de noche”. Lehane es el guionista de la prestigiosa serie “The Wire” y del primer capítulo de otra serie muy popular, “Boardwalk Empire”. El autor ha impartido talleres literarios en diversos centros universitarios tales como la Universidad de Harvard. Ha recibido diversas distinciones por sus novelas y actualmente reside en St. Petersburg (Florida).
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“Galveston”, de Nic Pizzolatto. Salamandra, Barcelona-Buenos Aires, 2014, 282 páginas. Traducción de Mauricio Bach Juncadella. En España: 17,10 euros. En Argentina: 180 pesos.

Con algunos puntos de contacto con la novela de Lehane, “Galveston”, narra una historia ambientada en Nueva Orleans, en la que también todo es gris, opresivo, desesperanzado: “Algunos lugares se abren para dejarte entrar, pero en el caso de Nueva Orleans no había nada parecido a la entrada. La ciudad era un yunque sumergido, envuelta en su propia atmósfera”.

El protagonista es Roy Cody, un matón, y la historia comienza en un bar regenteado por Stan, el gánster que se ha quedado con la mujer de Roy, Carmen, y al que de inmediato envía a hacerle una visita a alguien que le debe dinero. Sólo para asustarlo, advierte, y por eso Roy y su compañero deben presentarse ante el desconocido sin portar armas.

 Es una trampa, claro está, Roy no acepta caer en ella y por lo tanto toma sus precauciones antes de ir a la dirección indicada, donde (no se ha equivocado), lo esperaba lo peor. Pero de eso, a su manera y como puede, logra escapar dejando varios muertos tras de sí y obligándose a huir. Eso sí, “cargando” con una jovencita, Rocky, inesperada sobreviviente de tal aquelarre.

Huida constante

Huir, huir hacia delante, sin planificación ninguna, con la convicción de que no está obligado a hacerse cargo de Rocky ni, menos, de una niñita que en determinado momento la joven rescata de una vivienda infame. Tampoco en esta historia es fácil darse un respiro.

El Galveston del título, no es tanto una geografía sino un estado de ánimo. O, en todo caso, un ideal para Roy. Lo dice explícitamente en el comienzo del relato, luego de que le diagnostican una grave enfermedad: “Iba pensando en Loraine, una chica con la que salí hace tiempo, y en aquella noche que pasé despierto hablando con ella hasta el amanecer en un playa de Galveston, sentados en un lugar desde el que veíamos las gruesas columnas de humo blanco de las refinerías de petróleo ascendiendo a lo lejos como una carretera en dirección al sol”.

En cuanto al desarrollo del relato, de manera reiterada Roy intenta desprenderse de la muchacha y de la pequeña y atractiva niña que le ha endosado, pero no lo logra, porque pese a que Rocky tiene una difícil personalidad y comete trastadas, el protagonista se siente atraído por ella y su pequeña hija.

No les resulta nada fácil la vida y en derredor siempre despiertan sospechas. La historia no es calma y la vida para ellos es sinónimo de sobresaltos. El libro de Pizzolatto en determinado momento da un salto en el tiempo (luego de superar múltiples y violentos obstáculos), y toma un camino diferente, que tiene que ver con las explicaciones y, en otra instancia, con la expiación. Pero que tampoco puedo explicitar acá. En todo caso y como colofón, señalo que la novela es consistente y convincente, del principio al fin.

Nic Pizzolatto nació en Nueva Orleans y se crió en la zona costera de Louisiana, en los Estados Unidos. Es el creador, guionista y productor ejecutivo de la serie de la HBO «True Detective». Ha publicado relatos en revistas como The Atlantic, Oxford American, The Missouri Review, The Iowa Review y Best American Mystery Stories y ha sido finalista de los National Magazine Awards. Su primer libro fue la colección de relatos Between Here and the Yellow Sea, publicada en Estados Unidos en 2006. Galveston, su primera novela (2010), se convertirá en un largometraje cinematográfico dirigido por el danés Janus Metz Pedersen

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“Mr.Mercedes”, de Stephen King. Penguin Ramdon House, Madrid-Buenos Aires, 2014, 492 páginas.  Traducción de Carlos Milla Soler. En España: 23,90 euros. En Argentina: 269 pesos.

El comienzo de la más reciente novela de Stephen King es de excepción. En efecto, en una decena de páginas el narrador nos habla del encuentro circunstancial de Augie Onderkirk con la joven Janice Cray quien, madre soltera, no ha tenido más remedio que presentarse en el lugar con su muy pequeña hija. Ambos han concurrido a un centro comunal donde, al día siguiente, el alcalde del lugar ha prometido dar empleo, provisorio, a unas mil personas. Para tener alguna oportunidad, cientos, por no decir miles, se han dado cita allí en plena madrugada, con un frío aterrador, soportando como mejor pueden el lento paso de las horas.

Es la excelente forma con la que King aborda la triste realidad de esos marginados (sus pensamientos, sus pequeños actos, el ambiente hostil, tan bien descripto), cuanto jerarquiza a estas páginas que, respecto de lo que será la trama central, se ve de pronto interrumpido cuando un Mercedes Benz, conducido por un desconocido, delirante y brutal, atropellará y matará a varios de los que están en la larga y patética fila.

Dicho capítulo de apertura, “El Mercedes gris”, de unas diez páginas, resulta certero del principio al fin y termina siendo (casi) una historia aparte, que en mala hora el propio King frustra porque de inmediato deriva a algo muy diferente.

Una historia distinta

En esa segunda parte, obviamente mucho más extensa, la ficción girará en torno al enfrentamiento del asesino del Mercedes Benz con el sexagenario inspector de policía retirado Bill Hodges. En el comienzo de esta segunda parte el asesino serial, Brady Hartsfield, le envía una larga carta descriptiva de sus acciones, para acicatearlo. En realidad, con la intención de que se suicide, algo que el expolicía no ha descartado en sus días de retiro (con la Smith & Wesson que fue de su padre, también policía).

La ficción queda planteada en términos de “pelea” de gato y ratón, porque Hodges se siente acicateado para encontrar a Hartsfield, mientras éste prepara presuntos nuevos crímenes que para él significan venganzas por una vida desdichada. No hay secretos en esto que digo, porque el autor cuenta la historia en capítulos alternativos que tienen a Hodges o a Hartsfield como protagonistas. Y desde el comienzo mismo se sabe que este último es el asesino del Mercedes Benz, un verdadero psicópata.

La historia presenta una cierta linealidad y hasta una cierta previsiblidad, porque el lector sabe (más o menos), cómo puede terminar este tipo de enfrentamiento, entre un policía que, aunque retirado, acumula experiencias, y un hombre joven, inteligente y dispuesto a todo pero que, desequilibrado, representante del Mal, difícil que pueda resultar triunfador. El resultado, a mi manera de ver, está muy por debajo de “22/11/63”, libro que pareció indicar que King tomaba un camino de mayor exigencia literaria.

Pero más allá de eso, preocupa (me preocupa, en todo caso), que King proponga como salida la justicia por mano propia (en un gran recital a cielo abierto; foto), como si se dijera que es más importante vengar que actuar con la ley, o que el personaje que interpretaba Charles Bronson en sus películas de vengador anónimo sigue vivo y vigente. Y que además (porque todo termina justificándose) siempre tiene razón. Con el adicional de que King ha anunciado que con esta novela ha comenzado una trilogía de relatos afines…

Perfil
Stephen King nació en Portland, Maine, Estados Unidos, en 1947, región en la que aún sigue residiendo. Aunque la crítica se encuentra dividida (un sector importante de ella no lo considera más que un fabricante de bestsellers), King, llamado “el rey del terror”, es un narrador inquietante, quien cada tanto logra sacar nuevos ases de su manga. Autor de más de setenta títulos, su obra está traducida a múltiples idiomas y ha vendido millones de ejemplares en el mundo entero. Entre sus novelas más famosas cabe mencionar a “Carrie” (con la que debutó en forma estruendosa, en 1974), “El resplandor”, “Cujo”, “Christine”, “It”, “Misery”, “The Tommyknokers”, “Dolores Clayborne”, “El pasillo de la muerte”, “Cell”, “La cúpula” y “22/11/63”. Es famoso también por su serie “La torre oscura”, saga fantástica iniciada en 1982 y cuyo octavo título se conoció en 2012. Ha “competido” consigo mismo al inventar a un segundo escritor, Richard Bachman, seudónimo con el publicó siete títulos, el último de los cuales es “Blaze”, de 2007. Gran parte de sus novelas, así como sus cuentos, han sido llevados al cine. En la página de cine IMDB se indica que son nada menos que 185 los títulos de productos de cine y/o tv basados en sus textos. King también incursionó en el cine, ya como actor (en 20 oportunidades), ya como director (“La rebelión de las máquinas”, 1986). Ha ganado numerosísimos premios y distinciones, tanto en su país como en el exterior y fue proclamado en 1992 como Gran Maestro del Terror.

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