viernes, 28 de noviembre de 2014

"Cielo lejano", de Carlos María Gómez. Lo que no está. Comentario y entrevista al autor



“Cielo lejano”, de Carlos María Gómez. Ediciones Grupo de Cine, Santa Fe, Argentina, 2014, 206 páginas. En Argentina: 50 pesos.
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En el comienzo de “Cielo lejano”, la más reciente novela del argentino Carlos María Gómez, el protagonista Marcelo piensa en las palabras dichas por un amigo, quien le sugirió que quizás hubiera llegado el momento de hacer un mutis definitivo en su obra literaria.

Sin embargo, Marcelo no lo ve así porque cree que puede seguir, aún, “apostando de alguna manera a encontrar más que en su cerebro, en el corazón, en las tripas, o por qué no en los insondables recovecos del alma, el material necesario como para abordar otra historia”.

Es así que el escritor/protagonista comienza a contar las peripecias de su personaje Horacio, quien casi de inmediato se transforma en una suerte de alter ego, de manera que cuanto vive Marcelo y lo que debe soportar Horacio se parecen bastante, como también se parecen sus recuerdos, sus diversas peripecias.

El “todo” transcurre en un orbe contaminado, por eso en “Cielo lejano” se habla de un exterior “manchado de gases y demás emanaciones letales”, un ambiente opresivo por definición y en el que protagonista y personaje vivirán diversas experiencias, o tendrán recuerdos de sus personales pasados que también se presentan ominosos.

Por zonas marginales

“Hay una cierta predilección –advierte María Sarmiento en el prólogo del libro- por lugares alejados y misteriosos, barrios marginales, bares de mala muerte, donde recalan los que están fuera del orden”. Marcelo y Horacio lo están, sin duda, porque embisten, coluden con el sistema. Son seres profundamente insatisfechos. Con las licencias del caso, bien podría decirse que son melancólicos y que tienen nostalgias, pero sobre todo de aquello que, al decir de Sabina, es lo peor, vale decir “añorar lo que nunca jamás sucedió”.

El segundo y concurrente “juego” que propone Gómez al lector, es el de sumergirlo en nuevas relecturas de sus propios textos, ajenos a los relatos centrales, una suerte de persistentes cajas chinas  o de puertas que se abren en forma constante llevando al lector a otras latitudes. Sarmiento destaca entonces “la importancia” que tiene lo fragmentario en este libro y que le permite al autor “desarrollar el concepto de laberinto, en el que de una historia nace otra”.

Desde siempre, Gómez ha expresado, en declaraciones y obra, su asombro ante lo incomprensible de la aventura humana, de ahí que reiteradamente se haya referido a Franz Kafka como el “gran cronista” del acontecimiento contemporáneo. Pero, en relación a los propósitos conscientes que lo llevaron a escribir “Cielo lejano”, el autor de “Los chacales del arroyo”, admite, en la entrevista que agrego al final de esta nota que, sin habérselo propuesto, ha terminado haciendo “un viaje” hacia su propio pasado, abordando aspectos casi olvidados de su vida y de su propia literatura.

Seres estrafalarios se encuentran con los personajes centrales de la novela que, como bien dice la prologuista, deambulan por esos “arrabales últimos” que tanto le importan a Gómez. En la novela emergen sitios abandonados que recuerdan a “El astillero” de Juan Carlos Onetti, un patético parque de diversiones, la dictadura, amores imposibles y los recuerdos que remiten a tiempos de opresión, especialmente los vividos cuando se recuerdan las humillaciones soportadas durante el (felizmente hoy desaparecido) servicio militar.

Los textos independientes

En el decurso de la novela, van incorporándose textos independientes que Gómez justifica debido a que también en la ficción tiene papel preponderante la literatura. Y no por casualidad, en la apertura del libro se dedican varias páginas a la poesía y a la personalidad del malogrado poeta Juan Manuel Inchauspe (foto): “Alto / demasiado alto / estaba esta mañana el cielo de las palabras”.

Allí, en esos versos imperecederos de su contemporáneo y amigo, puede estar la clave del título de la novela. Es decir, el cielo de las palabras, como el cielo de los hechos, como el cielo de los amores correspondidos, no se encuentran a mano del protagonista (que, se puede inferir, no es otro que el propio Gómez, “escondido” en sus distintos personajes). El “momento” de la novela es nocivo, casi irrespirable con sus emanaciones letales y persistentes.

Queda entonces, se infiere, la “salvación” a través de y en la literatura. De ahí la obsesión de Marcelo de seguir escribiendo, “con el corazón, las tripas o los insondables recovecos del alma” y que la historia se vea reiteradamente jalonada con textos que aportan distintos personajes, aparte del protagonista. El cielo estará lejano pero la literatura, la poesía, la creación, están acá. Son un motivo. Quizás “el” motivo para vivir.

Diálogo con el autor

-En su última novela, la sensación que tiene el lector (al menos ha sido mi sensación) es la de nunca pisar tierra firme. Marcelo escribe una novela que tiene como protagonista a Horacio, pero rápidamente los planos se confunden, las historias se interconectan y al mismo tiempo “abren” infinitas puertas. La idea es entonces la del laberinto. ¿Qué opina usted sobre esa conclusión o ese dibujo? ¿Lo ve así o tiene otra idea de lo que significa “Cielo lejano”?

-En la presentación de “Cielo Lejano” no se me ocurrió otra cosa que expresar que la novela era, sin habérmelo propuesto, un viaje hacia el pasado, una inmersión en aspectos casi olvidados de mi vida y mi literatura. Y quizás no sea nada más que eso, más allá de si el lector pisa o no tierra firme, ya que desde mi óptica los planos y las historias, que obviamente se interconectan, lo hacen como consecuencia del mismo discurrir de la vida y las necesidades literarias. En cuanto a la idea de laberinto interpreto esa figura como algo que le pertenece a Borges y a Kafka (foto).

-La segunda originalidad de su novela tiene que ver con la incorporación de textos suyos, anteriores, como si quisiera dar un repaso a gran parte de lo que lleva escrito. O quizás a demostrar que en definitiva usted viene escribiendo una sola historia, precisamente la del laberinto, aquello que no tiene salida, de ahí lo del “cielo lejano”. ¿Cómo lo ve usted? También: ¿Qué lo llevó a concebir así su trabajo?

-No estoy demasiado seguro de que resulte original incorporar textos propios anteriores, aunque desde luego reconozco que existe una especie de repaso de mi literatura y que en definitiva puede llegar a tratarse de una sola historia que vengo escribiendo desde siempre y que ahora comienzo a advertir. Hubo incluso quién deslizó la idea de que se trataba de una novela de despedida, en la medida de que trataba de desentenderme de todo lo anterior.

-En su obra, ha demostrado preocupación por distintos hechos acontecidos en la región que de una u otra manera ingresaron a sus ficciones, pero desde hace un tiempo parece haber cambiado de perspectiva. ¿Es premeditado? ¿Ha buscado por ese camino encontrar nuevas formas expresivas?

-Con excepción de los relatos que integran “Caja Negra” y la reciente novela “Los fantasmas de Ripley”, (un específico homenaje a Patricia Highsmith al intentar una nueva aventura de su famoso personaje), entiendo que hasta la actualidad no he abandonado una temática comprometida con la realidad, que pienso alcanzó su mayor expresión en “Alrededor de la plaza”, sin olvidar la denuncia de “Los chacales del arroyo” y, más contemporáneamente, la novela “Regreso al sur”, donde se investiga  la desaparición en nuestra ciudad del soldado Suárez. Incluso en “Cielo lejano” se narra una oscura relación personal con un genocida, posteriormente condenado por sus crímenes y asimismo lo que significó mi crítica concurrencia al Juzgado Federal como testigo en la reapertura del expediente por el secuestro y asesinato de Marta Zamaro y Nilsa Urquía.

-¿Ha tomado como referencia a otros autores que hayan realizado, en sus propias obras, algo similar? Recuerdo, como caso, “Viajes por el Scriptorium”, libro en el que Paul Auster también repasaba su obra.

-No creo haber tomado como referencia a ningún otro autor. Lo que sí debo reconocer es como se ha ido incrementando, en cada uno de los libros, la incorporación de textos ajenos a mi obra y que actúan a manera de información o simplemente como acompañamiento.

-¿Qué le ha significado, como creador, recorrer caminos que ya transitó, recuperar antiguos textos? ¿Los mantuvo igual, los modificó?

-No me ha significado más que un reencuentro, sorpresivo en algunos casos, volver a encontrarme con textos que creía olvidados pero que de ninguna manera puedo considerar que han actuado a la manera de removedores en mi conciencia. Y puedo asegurar que no ha habido catarsis alguna.

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Perfil


Carlos María Gómez nació en Santa Fe, Argentina, en 1938.Escritor, productor, guionista y realizador de cine y video. Ha publicado las novelas “El desarrollo” (1963), “Veneno de cachiporra” (1979), “El enmascarado solitario cabalga hacia la muerte” (1983), “En el laberinto de espejos” (1985), “Los chacales del arroyo” (1993), “Gerente de dos ciudades” (1995), “Alrededor de la plaza” (1998), “Highsmith” (2005), “Regreso al sur” (2009) y “Los fantasmas de Ripley” (2013), así como los libros de relatos “Solamente con mirar” (1965), “Cuentos negros” (1992) y “Caja negra” (2009) Ha participado en antologías, recibió diversos premios y en 2009 fue declarado escritor destacado de la provincia por la Cámara de Diputados de Santa Fe. Es cofundador de Grupo de Cine de Santa Fe, entidad que ha desarrollado una amplia tarea en el campo de la cinematografía. Diego Soffici dirigió en 2003 el largo “Gerente en dos ciudades”, basado en su novela.


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